sábado, junio 20, 2026

Salir a lo limpio…

Por Eduardo Nates López

Desde que llegó al poder Gustavo Petro, los colombianos sabíamos que muy difícilmente entendería que eso no era “de por vida”…. Teníamos claro que apelaría a todos los trucos y maromas para “engatusar calentanos”. Por supuesto, modificar la Constitución Política de 1991 era la jugada maestra con la que soñó todo su mandato (2022-2026). Por fortuna la solidez de las instituciones democráticas colombianas como las Cortes, el Congreso Nacional (Senado y Cámara) y, en general, las tres ramas del poder público en las que se sustenta la democracia colombiana (y especialmente en su independencia), fueron lo suficientemente sólidas y valientes frente a la osadía del “ex M19” y su controvertido liderazgo… (Siempre creyó que él seguía en la subversión, megáfono en mano, hasta en EU…)

A pocas horas de posesionado, comenzaron los avatares propios de un gobierno de aprendices, las improvisaciones, los actos teatrales como el de la espada de Bolívar… Hasta llegaron los falsificadores de títulos profesionales pretendiendo ocupar altos cargos como viceministerios y direcciones. Sin duda, los escándalos como el de la UNGRD, fueron convirtiéndose en protagonistas diarios continúan… (Anteayer apresaron a la senadora Marta Peralta…Y aún tiene entre varios acusados a dos ministros llamados a juicio, uno de ellos de esta comarca, reclamando salir de la cárcel, vía tutela).

Pero su deseo de permanecer en el cargo era obsesivo. Fue difícil que entendiera que el mandato constitucional es transitorio y que su forma de gobernar, era “peculiar” e insólita… Hasta que aceptó que era ineludible su reemplazo. Pero, empeñado en que debería que ser alguien “a imagen y semejanza suya”, escogió a nadie mejor que Iván Cepeda, nacido y formado dentro de los cánones más ortodoxos del rancio comunismo, y estrechamente ligado a la subversión. (Basta repasar las fotos que han atiborrado las redes sociales)

Por supuesto, esa candidatura debería estar disfrazada de democracia y apelaron a acercar a su campaña a figuras tan conocidas y no menos controvertidas como la del “Elefante”, Ernesto Samper Pizano o la del “Símbolo Nacional de la Falsedad y la Traición”, Juan Manuel Santos Calderón, que no tiene vergüenza de pavonearse con un premio “Nobel de Paz” en el pecho, -astutamente y engañosamente logrado- mientras su país sigue debatiéndose en una sangrienta guerra sin cuartel, con miles y miles de colombianos muertos… Santos dice que votará por “quien cuide su legado”… ¿Cuál? … ¿El desastre de la paz total? o ¿El vergonzoso regalo de 12 años de curules para las FARC? (Es normal ese voto, pues ha cogobernado con Petro…)

A decir verdad, jamás se había visto una participación en política tan descarada y atropelladora, de un presidente en ejercicio, mientras paralelamente deja un déficit de $30 billones en las finanzas del estado…

Esta situación no puede permitirse y menos, perpetuarse. Y la mejor forma de impedirlo es el mecanismo legal que ofrece la democracia: “El rechazo electoral” al que todos los colombianos tenemos derecho. Por eso creció como espuma el apego a la campaña de Abelardo de la Espriella, quien lejos de los arreglos politiqueros, ofrece retornar a los caminos de una patria decente, digna, tranquila y libre de las presiones que supuestamente había ofrecido erradicar el actual gobernante…

No tengamos temor de las amenazas de asonada si no gana “el Heredero Cepeda”… Perdemos más continuando en la decadente carrera en que nos metimos en 2022, quizás esperanzados en el engañoso “cambio”. Se trata de escoger entre nadar de nuevo hacia la orilla o seguir arrastrándonos hacia el despeñadero… (Mirar hacia Venezuela o hacia la celda de Maduro…)

Hoy, en forma amplia, De la Espriella derrotará a la izquierda y al latrocinio del vergonzoso gobierno y a su monosilábico y enfermo candidato. El lunes amaneceremos con la alegría de que el país aguantó el delirante paso de Petro, el de varias de sus alegres primeras damas, y con la esperanza de que el 7 de agosto volverá la decencia a la Casa de Nariño, la espada al Museo Nacional y a la basura los sombreros y túnicas de extintos guerrilleros, que, en ese inmueble sagrado, el “cacas” ordeno exhibir en las vitrinas….

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