Por Eduardo Nates López.
De partida, reconozco la decencia y las cualidades intelectuales de la familia de Iván Cepeda en Popayán. Otra cosa es no compartir las orientaciones políticas de este. Por ello, vale repasar algunos conceptos sobre la filiación política de este candidato de la izquierda extrema, que pretende continuar la nefasta gestión de Gustavo Petro.
Iván, desde la cuna recibió la influencia comunista de sus padres, Manuel Cepeda Vargas y Yira Castro Chadid, seguidores obsesivos de Marx, Lenin, la Revolución Bolchevique y los países comunistas. ¡A los 13 años, ya era militante del Partido Comunista!… Por supuesto, la muerte de su padre, en 1994, a manos de fuerzas paramilitares, le exacerbó un resentimiento que siempre ha cargado en su devenir político (y quiso materializarlo en contra del expresidente Uribe, en un proceso judicial, con varias pruebas prefabricadas, que, afortunadamente se cayeron después de un arduo trajín jurídico). Es activista de nacimiento del comunismo trasnochado, casi erradicado en el resto del mundo… ¡Solo aquí pretendemos avanzar en reversa!
Cepeda ha tenido estrecha cercanía con el ELN. Y más aún con las FARC, atada por lazos tan fuertes como que un frente de esta guerrilla rinde homenaje permanente al nombre de su padre, facción insurgente que fue autora del secuestro y muerte de los diputados del Valle, en 2002, y otros actos atroces. Ha sido acérrimo defensor de la subversión. Basta ver las fotos con Iván Márquez, con Jesús Santrich saliendo de la cárcel, las menciones en los computadores de Raúl Reyes, etc. Obviamente, su propuesta de gobierno no puede ser diferente de esa línea política. No en vano promete: “reforzar las Fuerzas Armadas de Colombia con integrantes de las FARC…” y/o “eliminar el Consejo de Estado.” (el juez del comportamiento administrativo del gobierno)
Vale preguntar: ¿Queremos seguir en el contubernio del gobierno con la subversión? Es evidente que la izquierda encontró estratégico arrimarse al potencial económico del narcotráfico para acceder al poder político y alcanzar la presidencia de la república. El compromiso de Cepeda es continuar robusteciendo la narco-economía que les ha dado ganancias inmedibles y poder enorme. Elegir a Cepeda es reafirmar que queremos que Colombia siga siendo el primer productor y comercializador de cocaína del mundo. ¿Queremos conservar este vergonzoso record mundial? ¿Y apoyar la continuidad de un gobierno que con gran astucia aprovecha las circunstancias, comprando votos con subsidios y alzas oportunistas del salario mínimo, consciente de su irresponsabilidad financiera? El adormecimiento de las fuerzas del orden, es otra decisión concordante. Petro cree que el pueblo está de acuerdo, pero la mayoría de gente, por principio, rechaza lo ilegal y pide seguridad y paz. No quiere que su país sea la Narcodemocracia que Petro necesita perpetuar, eligiendo a Cepeda.
Si queremos ocupar un lugar digno en el mundo, debemos tener un país cuya economía esté basada en actividades legales. Hay que elegir a quien nos conduzca por ese camino.
¡Es imposible olvidar cuántas veces, antes de elegir a Petro, se dijo que bastaba asomarse al espejo de Venezuela! Hoy Colombia está en una decadencia moral difícilmente atajable, con varios ministros y altos funcionarios a las puertas de la cárcel y pegados a una Venezuela completamente destruida, con su líder preso en Estados Unidos. ¿Así de tercos seremos? ¡Difícil creer que nos dejemos llevar cuesta abajo, arrastrados por las tesis políticas cuestionadas social y económicamente en el resto del mundo!
La reciente vinculación de su carnal Iván Márquez a la investigación del asesinato de Miguel Uribe Turbay -como presunto participe, en calidad de coautor mediato o intelectual del magnicidio- confirma las preocupaciones que suscita Cepeda por su cercanía con las FARC, vínculo que ostenta como pecado original, trasmitido por sus padres, fieles a Stalin y a los sucesores de ese régimen sanguinario que impusieron en la extinta URSS y sus países satélites, donde el candidato creció y se educó. Ese bagaje personal, más los odios que ha logrado acumular, a la sombra de la democracia que lo ha protegido en Colombia, es lo que nos propone como menú para los próximos 4 años. ¡Como frente a ese plato no queremos sentarnos la mayoría de colombianos, necesitamos elegir diferente!
¡Es solo votar a conciencia, por el país que tanto decimos querer!



