sábado, junio 6, 2026
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La confrontación herramienta para construir o destruir

LENNY Z. PITO BONILLA @CreaciónpsicologíaXXII

Confrontar es una poderosa técnica verbal utilizada en psicología, que busca clarificar pensamientos, palabras y acciones al “ponerlas sobre la mesa”, ante discrepancias o contradicciones. Una forma terapéutica que rompe mecanismos de defensa y fomenta la toma de conciencia.

Se caracteriza por: Enfocarse en el presente. Evitar el juicio, la imposición, la pelea o el demostrar quién tiene la razón, en búsqueda de la mayor objetividad posible. Generar insight, aquella súbita comprensión de algo y con ello la responsabilidad frente a las acciones. El objetivo final es crear bienestar.

Confrontar no es sinónimo de ataque, ni de discusiones vacías de sentido, es un acto de valor que busca ver todas las verdades, aun las difíciles, sin desequilibrarse. Requiere de bajar defensas, soltar posturas defensivas y comunicarse de manera abierta.

Bajar “las armas” emocionales en un proceso de confrontación es muy importante, mientras se valora la libre expresión, sin utilizar el enojo, el miedo o la tristeza como escudos. Fomenta la empatía, el escuchar y el entender al otro, sin sentir que se es atacado, entonces evita el tomar las cosas de manera personal. Reduce la ansiedad y abren las puertas al diálogo aun en medio de las diferencias.

El fin es centrarse en la realidad con respeto y conectar con la regulación interna, para evitar los ataques o la defensa. Observar lo que duele, limita o hace la diferencia, en búsqueda de una comunicación asertiva, alejada del impulso primario de atacar y lastimar al interlocutor. Implica que conscientemente se regule el sistema nervioso central y se conecte con la calma, para sostener incluso verdades muy difíciles. Mostrar las auténticas emociones, sin ocultarse en la rudeza y siendo respetuoso frente a las del otro. Evitar el contraataque y el buscar ganar siempre incluso sin asertividad.

Una disputa puede convertirse en una oportunidad para sanar un conflicto, crecer y avanzar, considerando el análisis de las discrepancias, las contradicciones, las incongruencias, las evasiones o las discusiones sin sentido. Además de conectar con la lógica, la reflexión, la compasión, la colaboración y la exploración en lugar de la imposición.

La confrontación así vista, está lejos de lo que hoy viven muchas sociedades y en especial la colombiana, agudizado durante las elecciones presidenciales. Se supone que el cargo de presidente de una nación libre y democrática conlleva liderazgo, para ser el primer mandatario y ejemplo para sus gobernados, sin embargo, lejos de ello los candidatos se empeñan en enfrascarse en la mutua agresión, en la comunicación violenta, en lugar de utilizar el poder de la plataforma, para centrarse en la defensa de sus propuestas y planes de gobierno.

Promueven por ese camino la agresividad, la violencia verbal, la grosería, los insultos, la descalificación e ir en contra de la persona del otro. Impulso destructivo y auténtica guerra psicológica, que degrada la dignidad humana como también manipula las emociones, gestando desesperanza y desconfianza. Es muy grave lo que sucede y los psicólogos sabemos del daño a mediano y largo plazo que este ambiente polarizado, violento o vengativo cala en el alma de los ciudadanos, más con el terreno emocional tan frágil en que nos encontramos, gestando fracturas aun de mayor profundad.

Preguntemos aquí y ahora donde quedo nuestra capacidad cognitiva e intelectual para generar dinámicas de deliberación desde la razón, no desde la simple pasión, que enfrentan entre si a las personas, los familiares, los amigos y promueven seudo-debates en las redes sociales tan dañinos. No permitamos que las acaloradas campañas nos desvíen a nivel individual e incluso colectivo de la serenidad que implica votar en conciencia y con responsabilidad, cuando lo que está en juego es nuestro país, el presente y el futuro de una nación, que tiene todas las posibilidades de salir de semejante caos en el que se encuentra.

Tanto que decimos no estar locos, pero por dónde anda entonces la cordura, que nos permita deslumbrar lo que mejor conviene, a la luz de propuestas contundentes y no de peleas. La etapa de precandidaturas y de primera vuelta, nos demuestra que esos enfrentamientos personales solo crearon abismos o más división, para luego detrás de los resultados darse la mano y apoyarse. Ponerse en los extremos que siempre desequilibran, para luego buscar unidad, es un error porque genera tal malestar y condiciones de separación, difíciles de reparar e incluso que a veces nunca llegan a reconciliarse. Preguntemos si todo aquel ambiente vale la pena.

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