Por: Harold Mosquera Rivas
Lisandro Meza Márquez y Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, son dos juglares de la música del Caribe colombiano, que recorrieron el mundo representando nuestro folclor. El primero, nació en E Piñal Sucre, el 26 de septiembre de 1937 y falleció en Sincelejo el 23 de diciembre de 2023, el segundo nació en Palmitos Sucre el 17 de abril de 1943.
Los dos se destacaron por ser autodidactas del acordeón y gracias a su virtuosismo, durante décadas alegraron con su música las fiestas de los pueblos de nuestro país, en especial las del mes de diciembre.
Lisando Mesa, es el único músico que ganó en cuatro ocasiones el disco de la Feria de Cali, a pesar de que su género no era la música salsa. Sin embargo, resulta paradójico que no hubiera ganado el Festival de Leyenda Vallenata, por lo que se le bautizó como el Rey sin Corona. Nos dejó temas como: El hijo de Tuta, Baracunatana, Entre rejas, Estas Pillao, Para Político y La matica, entre otros, han puesto a bailar a nuestra gente en todo el mundo.
De hecho, llevó a la música vallenata el poema La Gran Miseria Humana de Gabriel Escorcia Gravini, que dura 15 minutos y es considerado el vallenato más largo de la historia. Por su parte, Alfredo Gutiérrez, conocido como el prodigio del acordeón, fue coronado en tres ocasiones en el Festival de la Leyenda Vallenata, desde los 8 años empezó a tocar de tal manera el acordeón, que se convirtió en el encargado de llevar el sustento a su pobre hogar.
Nos ha regalado canciones como La Paloma Guarumera, Ojos indios, Al arbolito y El Guayabo entre otros. Este par de juglares, que tanta gloria le han dado a nuestra cultura, comparten el dolor de haber sido víctimas de las casas disqueras que, se aprovecharon de su falta de conocimiento, para hacerles firmar contratos leoninos, en los que, tan solo recibieron un pago al momento de grabar las canciones y a partir de allí, todo el dinero sería para las disqueras, con lo cual, a los músicos, para poder sustentarse les tocaba realizar conciertos y presentaciones de manera permanente.
Lisando murió en la pobreza, sin presentar una queja pública por tal situación, mientras que Alfredo Gutiérrez, en sus últimos años, se quejó de esta injusticia y ahora ya cansado y sin fuerzas para protagonizar los grandes conciertos que antes hacía, reclama las regalías que siempre debieron ser suyas.
Mientras tanto, las grandes disqueras que los explotaron, guardan silencio, se amparan en la legalidad de los acuerdos firmados y continúan lucrándose ahora en la era digital, de las canciones y la imagen de estos juglares.
Guardadas las proporciones, es lo mismo que hizo el Italo Americano Jerry Masucci con los músicos de la Fania Al Stars y con el compositor Tite Curet Alonso. Esperemos que el maestro Alfredo Gutiérrez, antes de partir de este mundo, reciba una respuesta justa a todo su aporte y pueda disfrutar de una pensión digna por su maravillosa vida artística.



