lunes, abril 20, 2026
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De nuevo los dos gringos

Victor Paz Otero

Hace unas pocas semanas, escribí y publiqué una columna de prensa titulada: “Los dos gringos”. En ella hice referencia a la curiosa coincidencia de haber sido elegidos casi al mismo tiempo, dos personajes norteamericanos a cargos de elevada significación; cargos que de manera inexorable entrarían a jugar un papel significativo y hasta extraordinario en el convulso y turbulento escenario que hoy caracteriza el flujo de la historia contemporánea. Anotaba igualmente en dicho escrito, que esos dos personajes entrarían en contradicción y en conflicto; puesto que el uno encarna la parte mas equivoca y peligrosa de lo que con mucha reticencia puede nombrarse como “la cultura gringa”. En cambio, el otro personaje venia a representar la espiritualidad precaria y limitada que también se expresa en esa cultura tecnocrática y materialista de la poderosa y agresiva nación del norte.

El conflicto, como era previsible, ha estallado en las últimas horas y es de suponer que casi de manera inexorable continuara amplificándose en muchos aspectos.

El gringo Trump, desequilibrado, prepotente y delirante, da por sentado que a él le corresponde el oscuro y arbitrario papel de redefinir la geopolítica planetaria y; pretende hacerlo a partir del uso criminal e intimidante del inmenso poderío militar y nuclear que ha logrado conseguir la gran nación del norte. Nadie puede poner en duda la sofisticada fortaleza tecnológica de su país. Lo acaba de poner en evidencia la increíble hazaña tecnológica que significó orbitar y regresar a la luna. Sin duda que ganaran la luna, pero están corriendo el riesgo de perder la tierra y el cielo.

El presidente Trump, para muchos seres de todas partes del mundo, encarna al gringo feo y malo. Contrariamente el papa León XIV, encarna al gringo bueno, prudente, sensato y desprovisto de cualquier destello de megalomanía; un gringo que no podría imaginar que lo prioritario sea conquistar la luna y redefinir la ordenación de la tierra. Su “tecnología espiritual”, aun viva y con capacidad de convocar y alimentar la fe religiosa de millones de seres humanos, esta enfocada a la conquista de un cielo prometido en las promesas de los evangelios cristianos. El papa por supuesto no tiene divisiones; tal vez solo tenga muchas bendiciones y hasta podría tener maldiciones para conjurar la estupidez violenta e imperialista de su estrafalario y desquiciado coterráneo.

El conflicto de estos dos personajes, hasta cierto punto y hasta especulativamente, reproduce el milenario conflicto que parece acompañar desde el comienzo de los tiempos la parábola humana. Conflicto entre el bien y el mal. Conflicto entre la materia y el espíritu. Conflicto entre la luz y las tinieblas. Conflicto perpetuo e inagotable entre las fuerzas contradictorias bajo cuyo alero ha fluido tanto la racionalidad como la irracionalidad histórica. ¿Quién resultara triunfante?

El hecho concreto y cierto en este momento es que la historia de los hombres y a lo mejor también la historia de las bestias, esta viviendo una especie de tiempo apocalíptico donde tanto la vida como la muerte pretenden de nuevo continuar en ese enigmático e incontrolado enfrentamiento.

Sin duda, que, si alguna vez se decreto la muerte de Dios, ahora podemos estar casi seguros de que se está oficiando y decretando la muerte del hombre. Todos los hombres, la humanidad en su conjunto, tanto hoy como en otras épocas, se consideran simplemente como un conjunto homogéneo y abstracto; como cosas e identidades despojadas de vida humana, susceptibles siempre de ser bombardeadas o eliminadas de la faz de la tierra pues estorban los planes de un criminal lunático que aspira construir un proyecto inmobiliario. ¿Acaso no fue eso lo que sucedió hace unos pocos meses en la franja de Gaza? 92.000 vidas, entre ellas la vida de 42.000 niños y niñas, exterminadas por la guerra, para que el Atila tecnocrático de nuestro tiempo saque adelante el proyecto de crear un balneario de lujo.

En este inquietante y perturbador momento de la historia, quien lo creyera, la suerte de nuestro mundo y de nuestra civilización están en manos de un loco delirante armado de una fuerza destructiva que nunca antes se ha conocido en la historia.

Quizá por todo esto están también de retorno las parábolas y las narrativas con rumor religioso y bíblico para designar este trance de terror y de muerte, provocado y estimulado por un personajes infernal que, hasta se disfraza y se hace fotografiar en pose de Jesucristo, tal vez queriendo imaginar que él puede darle comienzo al último capitulo de la historia y de la farsa humana.

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