Por: Cayo Betancourt – cayobetancourt@gmail.com – @cayobetancourt
Cometer errores tiene consecuencias y, en el entorno laboral, puede convertirse en un proceso doloroso, porque cuando los errores no se remedian y se cometen con frecuencia, nos puede costar el trabajo, la reputación y la empleabilidad futura. En esta columna, exploramos los errores como un proceso natural de aprendizaje, en el que las personas aprenden de las situaciones que ocurrieron en el pasado, las analizan y pueden tomar mejores decisiones en el futuro.
Existe una situación interesante frente a los errores: las personas temen cometerlos; por lo tanto, esto puede traducirse en un temor natural a asumir riesgos. Es importante aclarar que los riesgos profesionales tienen límites; es diferente invertir el dinero de la compañía en acciones de alta volatilidad, lo cual, además de ser un riesgo, puede convertirse en un delito, frente a tomar una decisión en una situación de negocios u operativa dentro de la reglamentación que los rige. En el primer caso se observa una frontera compleja; en este contexto, nos referimos al segundo caso, en el que las personas tienen la libertad de elegir las decisiones que mejor se ajusten a la situación de la compañía y, por supuesto, a los resultados basados en las normas operativas. En este contexto, es fundamental el acompañamiento en los diferentes niveles profesionales en los que puede encontrarse una persona. Con un profesional joven, se sugiere un acompañamiento acorde con su conocimiento y responsabilidades, mientras que, para un ejecutivo, existen diferentes comités o la junta directiva que ayudan a tomar las decisiones para evitar situaciones que comprometan profesionalmente al empleado o el compromiso financiero y reputacional de la compañía.
La escuela de negocios IESE de la Universidad de Navarra sostiene que los errores son inevitables porque somos humanos y que debemos considerarlos una oportunidad de aprendizaje. En este contexto, existe un factor determinante que permite desarrollar habilidades en las personas o frena su desarrollo: se trata de la cultura corporativa y de cómo los gerentes permiten que las personas tomen decisiones o, por el contrario, existe una cultura de microgestión que busca reducir los errores, pero a la vez restringe la capacidad operativa de las personas, generando estancamiento y una validación constante que reduce la capacidad de tomar decisiones de manera autónoma. Este comportamiento no es deseable porque genera retrasos en el desarrollo profesional y contradice el paradigma de la caja de huevos. Este paradigma indica que las personas deben crecer profesionalmente para apoyar el desarrollo de quienes esperan un ascenso o un cambio profesional. Cuando una persona no se mueve de su posición, quienes están a su cargo sufren un estancamiento y no se les permite el desarrollo profesional.
Finalmente, observar las situaciones en el trabajo es una fuente constante de aprendizaje, porque siempre celebramos las victorias, pero generalmente nuestros errores permanecen en forma de rumiación, en la que buscamos causas y tratamos de encontrar resultados diferentes. Es fundamental identificar cuándo un problema se convierte en un proceso de rumiación y adoptar mecanismos para evitarlo. Por otra parte, las victorias también facilitan un proceso de aprendizaje; aquí es necesario tener un alto nivel de criticidad para evaluar si los factores se pueden repetir y cómo podríamos conseguir un resultado similar en el futuro.


