viernes, agosto 21, 2026
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La capital y el departamento: concurrencia y complementariedad

Walter Aldana

Pareciera que, ante la falta de identidad y sentido de pertenencia del ser caucano, la política de “sálvese quien pueda” es la constante en la relación entre naturales patojos y venideros conocidos como miembros de las colonias.

De los más de trescientos cincuenta mil pobladores en sus nueve comunas y veintitrés corregimientos, más del sesenta por ciento son personas desplazadas ya sea por problemas de orden público, búsqueda de alternativas económicas, deseo de acceso a la educación superior. Con ello surgió un alto déficit de vivienda de más de treinta y cinco mil soluciones individuales, una lucha tenaz de las organizaciones pro- techo y pro -vida digna.

Y nos trasladamos con nuestras creencias, mitos y leyendas (las vírgenes remanecidas del Macizo, San Isidro, patronas y patrones religiosos), los encuentros deportivos, la gastronomía de la tierrita. Nos ubicamos y agrupamos geográficamente en el conjunto residencial denominado Portal de la Vega más de cien familias de ese territorio: por el barrio Recuerdo Sur, las y los Lermeños; por el norte, gente de nuestro litoral Pacífico, principalmente de Guapi; a lado y lado de la variante Sur, Argelianos y Balboenses; por el centro oriente de la ciudad, personas de Tierradentro.

Los jóvenes conservan la doble condición del ser urbano reguetonero y su entorno familiar campesino, afro y/o indígena, una particularidad que enriquece su formación: fácilmente gusta de la rumba CrossOver, de las opciones sexuales no tradicionales, de la tecnología, el animalismo, el viaje y el estudio; no quieren tener hijos, pero no han renunciado al sancocho de gallina herencia de los abuelos, del territorio, asociado con la celebración de algún festejo importante.

El crecimiento demográfico de la capital produjo dos fenómenos: en primer lugar, la inseguridad ciudadana en una elemental relación entre número de pobladores, necesidades laborales y reales oportunidades, lo que impuso como dinámica del mercado la búsqueda del ingreso económico familiar en un alto porcentaje en la informalidad, la venta callejera, el maneo como alternativa laboral; pero, ya que no hay cama pa’ tanta gente, el robo de celulares, motos, vehículos particulares y el atraco a mano armada es pan de cada día.

El segundo fenómeno se expresó en la no inclusión, una institucionalidad local esquiva como actúa y la percibe el ciudadano de a pie, que no da respuestas a sus más básicas necesidades (agilidad en un certificado, en la calificación del Sisben, etc). Por ello el rito es ir al centro a hacer gestiones, pero regresar rápidamente al lugar donde se siente seguro, en su espacio, con los suyos, con los vecinos, sus paisanos.

Frente a los complejos problemas de nuestra capital, los esfuerzos conjuntos entre los mandatarios local y departamental han producido algunos logros que deben ser destacados: el banco de tierras y la destinación de un monto económico de cincuenta mil millones para avanzar en la solución de las necesidades habitacionales; la reposición de las redes de acueducto y alcantarillado; la apertura y mejoramiento de vías para des embotellar el tráfico automotriz cotidiano; y el impulso a la cultura vial y ciudadana, son algunas realizaciones importantes.

Lo más urgente a pensar, idear y ejecutar de manera conjunta entre el departamento y el municipio es una revolución cultural con énfasis en el humanismo; volver a lo básico, lo elemental que explique la relación de la infraestructura pública con el bienestar, con la felicidad, que contemple y transforme nuestro comportamiento con la ciudad; el regreso del alumbrado público y la recolección de residuos sólidos en una empresa triple A que integrada al acueducto municipal sea nuestra, que lo público lo administre lo público y no sea el negocio de unos privados que se hacen a esos contratos de manera dudosa.

Las y los ciudadanos deben dejar de ser considerados meramente como un voto en las elecciones, para ser reconocidos como diversos e integrarlos con sus realidades buenas y malas, hacia la búsqueda de la coexistencia humana, ambiental, cultural, política y social.

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