Por: Cayo Betancourt – cayobetancourt@gmail.com – @cayobetancourt
La productividad se ve afectada por diferentes factores y, para responder la pregunta «¿Qué afecta mi productividad?». La respuesta sería una combinación de factores y, dependiendo del estado de ánimo, de la etapa de la carrera y del entorno, estos pueden tener un mayor o menor peso al impactar la productividad diaria.
Aunque los estudios demuestran que una persona efectivamente trabaja cerca de seis horas al día, lo que acorta los cálculos de ocupación en proyectos y otras iniciativas. En esta columna nos centraremos en los factores que afectan esas seis horas y que podrían reducirse a unas tres en el mejor de los casos y, en otros casos, simplemente convertirse en un desperdicio de tiempo, en el que los resultados de muchas actividades no suman un elemento entero en un día o en una semana laboral.
Hablemos de las distracciones externas que afectan la concentración y la capacidad de enfocarse en una tarea hasta terminarla o avanzar un porcentaje significativo que permita concluirla en unos cuantos espacios de tiempo adicionales. Existe un factor que se aplaudió en su momento y que las empresas ahora buscan reducir: el trabajo rápido. En este caso, la presencialidad contribuye de manera excepcional a la productividad, lo que se observa como un elemento que permite la socialización y la interacción entre las personas en una oficina. Es precisamente este factor el que influye en las actividades y genera breves interrupciones, por lo que volver a enfocarse en una actividad puede tomar cerca de veinte minutos para recuperar el estado anterior. En resumen, hubo unas cuantas interrupciones en la mañana y posiblemente no sea posible terminar la tarea iniciada temprano. Esta es una de las razones por las cuales algunas personas prefieren iniciar sus labores temprano, con menos interrupciones y el descanso necesario para lograr avances significativos antes de las nueve de la mañana.
El siguiente factor externo que afecta la productividad está en su bolsillo o cartera: el teléfono celular se ha convertido en un foco de distracción y llega al punto en que, en algunos casos, las personas pueden pasar varias horas viendo videos cortos sin que ello aporte de manera significativa, o al menos así parece en sus actividades diarias. Otro elemento en esta cadena infortunada de hechos está relacionado con el microfoco, donde las personas permanecen con un espacio de atención de menos de un minuto y, desafortunadamente, esto se refleja en sus actividades diarias, donde ellos replican estas microatenciones a sus tareas, y el poder llegar a un nivel de atención apreciable requiere mayor esfuerzo. En estas condiciones, la recomendación es tener reglas claras para el uso del teléfono: es como tener aquel dulce sobre la mesa, pero sabe que no puede tomarse antes del almuerzo o, peor aún, no lo consumirá durante todo el día porque afecta sus niveles de azúcar.
Finalmente, las distracciones internas. En este caso, no importa cuánto tiempo esté usted frente a la pantalla de su computador o tomando notas si su cabeza está ocupada con otros asuntos. La hipoteca de la casa, un proceso complejo con su pareja o su jefe inmediato, la posibilidad de perder el empleo o cualquier otro motivo que también le quite el sueño. Es necesario tener en cuenta que la mayoría de las preocupaciones no llegan a materializarse, pero dedicar su valioso tiempo a rumiar esas preocupaciones puede en realidad arruinar su día y, de paso, extender su jornada laboral porque tendrá que terminar aquellas tareas que se ha comprometido a realizar o que tiene asignadas. Es fundamental buscar una solución para este punto; de lo contrario, no importa si desconecta su teléfono móvil o evita distracciones en la oficina con estrategias como espacios dedicados a sus tareas productivas, su cabeza le jugará una mala pasada y su cuerpo recibirá las consecuencias, con un sueño precario y un descanso incompleto que se convertirán en un proceso cíclico donde usted saldrá perdiendo, por supuesto.


