Por Eduardo Nates López
Los temas cívicos tienen la ventaja de que uno puede meterse sin invitación y, casi con certeza, será bienvenido, siempre y cuando sus aportes no tengan intereses particulares ocultos ni persigan utilidades económicas personales. Por eso me complace terciar desde esta esquina del viejo periódico popayanejo El Liberal, en la grata y provechosa discusión pública sobre la reubicación que pretende dársele a la ofendida estatua de Sebastián de Belalcazar, después de que, a mediados de septiembre de 2020, un grupo de indígenas Misak (a quienes casi toda la vida los conocí como “guambianos”), decidieran enlazarla y tirarla al suelo, descabezándola, en un atropello inaceptable -que me tocó presenciar de lejos y que jamás he encontrado justificable. Otra cosa es que quiera dársele (Ahora) la connotación de que allí debería coexistir también un homenaje a los habitantes naturales del valle de Pubén, cuando llegó el extremeño Sebastián Moyano a formalizar la fundación de la ciudad de Popayán.
La idea del alcalde, de buscarle ubicación al fundador de la ciudad es plausible, pues se trata de sacar de los patios del olvido la magnífica escultura del español Victorio Macho y tratar de responder educadamente, a nombre de la ciudadanía, al atropello contra el fundador.
Habrá entonces opiniones por doquier, todas respetables, pero implica tomar una decisión que congenie no solo pretensiones sino aspectos arquitectónicos, históricos y paisajísticos, amén de asuntos urbanísticos, para acertar en la colocación adecuada de la estatua.
Alrededor de este tema, hace un par de días, en su programa de radio RCN: “Tarde pero llego,” el destacado periodista Juan Carlos Iragorri, que ostenta con orgullo sus raíces payanesas y ejerce con hidalguía su función de “Embajador Plenipotenciario de Popayán en el mundo” entrevistó al exgobernador y exparlamentario payanés, Cesar Negret Mosquera, quien con gran conocimiento histórico hizo varias referencias a la ubicación de la estatua, desde 1936. con motivo del cuarto centenario de la fundación de Popayán. En esa entrevista se debatía la posibilidad de que la escultura regrese a la vida pública, en la Plazoleta de San Francisco, como parece ser lo proyectado por la alcaldía de la ciudad.
Respecto a esa posibilidad, puede decirse, un poco a priori, que es una alternativa posible, aunque para quien esta columna escribe, pareciera quedar encerrada entre los altos muros de la fachada de la iglesia, los de los del edificio contiguo a la iglesia (que funcionara como casa cural, en su época) y los de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Además, las proporciones de la estatua ecuestre, ameritan un espacio abierto, donde pueda ser observada desde la distancia y pueda apreciarse en su verdadera dimensión tanto el personaje homenajeado como el animal que lo soporta, que de paso es una belleza y valora enormemente el trabajo del escultor.
Como se trata de aportar ideas a la discusión, bien valdría la pena incluir en ella, sitios más abiertos y campestres como la glorieta que se construyó recientemente a la entrada norte de la ciudad, antes del puente de la variante y en el acceso al Parque Industrial; O también en la glorieta actualmente en construcción, en el empate de la Panamericana con la nueva avenida 25 Norte. Son dos lugares abiertos, a la entrada de la ciudad y darían la sensación de recibir a los viajeros con la estatua del fundador.
Queda por resolver la ecuación del homenaje que, con justicia, se quiere hacer a los indígenas ancestrales, para lo cual podría destinarse el espacio que ocupaba la estatua ecuestre anteriormente, en el Morro de Tulcán, y que, a las malas, reclamaron los Misak, en 2020.
Si se abre espacio la opción de ubicar el monumento ecuestre en San Francisco, es válida la apreciación de Cesar Negret, en el sentido del traslado que implica mover el busto del ilustre payanés Camilo Torres Tenorio a un sitio destacado de la universidad del Cauca, como homenaje al gran pensador, llamado: “El Verbo de la Revolución” …
Grato debate ciudadano este, que se da alrededor de esta partida de “Ajedrez Gigante” (porque implica mover caballos, torres, alfiles, etc.), en pos de embellecer la ciudad, que bastante falta le hace….


