Durante dos días, el Claustro de Santo Domingo de la Universidad del Cauca se transformó en el epicentro de una poderosa sinapsis cultural, donde más de 100 artistas, gestores territoriales, sabedores y formadores de Nariño, Cauca y Huila se dieron cita en el encuentro Nacahui.

Por: Centro de Gestión de las Comunicaciones.
«Lo que verdaderamente hace la riqueza del programa es que no estamos enseñando únicamente lo de la academia; estamos recogiendo la belleza y la riqueza de los ritmos de los territorios para sembrar esa semilla en los niños y hacer todo lo posible para que esas raíces germinen y florezcan». Con estas palabras, el maestro César Alfaro resumió el espíritu de Nacahui, una jornada donde las voces, los sonidos y las memorias de tres departamentos del suroccidente colombiano fueron protagonistas, teniendo como escenario la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Alma Mater caucana.
Desde el primer recorrido por los centros de interés, el ambiente estuvo marcado por la música, la gastronomía, los bailes, los cantos, los colores y las expresiones culturales que nacen en los territorios. Cada stand fue una ventana hacia las experiencias construidas durante el desarrollo del programa, mientras que la exposición fotográfica permitió revivir el camino recorrido por artistas formadores, sabedores, niños, niñas y jóvenes que encontraron en el arte una forma de fortalecer sus identidades y construir comunidad. El primer día concluyó con una muestra artística de la Región 2, reflejo de la diversidad cultural que une a Nariño, Cauca y Huila, dando paso a la siguiente jornada en la que gestores territoriales, artistas formadores y sabedores intercambiaron experiencias y saberes en un espacio de reflexión que cerró el encuentro reafirmando el valor de los procesos culturales como indiscutibles motores de transformación social. Fotografía: Centro de Gestión de las Comunicaciones.
Esta muestra artística del programa presidencial Artes para la Paz no solo reunió las voces, sonidos y memorias de la región durante los días 24 y 25 de junio, sino que reafirmó el valor de los procesos culturales como motores de transformación social y el compromiso de la academia de abrir sus puertas a los saberes que siembran esperanza.
Para la maestra Salomé Gómez Burbano, apoyo pedagógico del equipo central de Artes para la Paz de la Región 2, este proceso dejó una huella que trasciende el tiempo de ejecución del programa: “Este programa llegó a transformarnos a todos, absolutamente a todos, con un modelo de educación integral de las artes en el país. Es la primera vez que las artes se conciben de una manera integral para la construcción de paz, la memoria colectiva y el reconocimiento territorial y urbano”, afirmó, al destacar que el proyecto permitió acercarse a las comunidades, escuchar sus historias y reconocer el enorme talento que habita en la ruralidad y en los barrios populares, dándoles voz y visibilidad.

Uno de los momentos que más recuerda fue una muestra artística en la que participaron niños de comunidades Misak, afrodescendientes y campesinos, quienes, pese a sus diferencias culturales, terminaron cantando juntos, abrazándose y celebrando un encuentro que para muchos representó también su primera visita a una ciudad. “Esos espacios nos permitieron comprender que existe una región llena de talento que merece ser escuchada”, recordó la maestra, convencida de que el verdadero impacto del programa se verá en los próximos años, cuando las semillas sembradas echen raíces y florezcan con fuerza en los territorios.
Ese mismo compromiso fue resaltado por Weymer Andrés Plata, integrante del Nodo Territorial 8, quien explicó que el programa asumió el reto de pensar el arte como una herramienta para transformar comunidades históricamente afectadas por la violencia. En ese proceso, señaló que la Universidad del Cauca ha desempeñado un papel fundamental al propiciar un diálogo horizontal entre la academia y los saberes ancestrales, fortaleciendo el patrimonio cultural existente y dignificando el conocimiento de las comunidades para que sean ellas mismas quienes continúen construyendo paz desde sus propios procesos.
Por todo esto, más allá de la muestra artística, Nacahui quedará para la posteridad como un escenario muy especial que permitió reconocer que las expresiones culturales son memoria, identidad y esperanza, demostrando que cuando el arte nace desde los territorios y dialoga con las comunidades, es capaz de restaurar el tejido social y abrir caminos hacia una paz duradera. Así, Unicauca reafirma su compromiso de acompañar estos procesos que dignifican los saberes propios y fortalecen a las regiones que continúan sembrando futuro, entendiendo que la verdadera tarea apenas comienza: cuidar esas semillas para que las raíces que hoy se fortalecen en Nariño, Cauca y Huila sigan creciendo en las próximas generaciones. Porque al final, lo que queda claro es que este fue un programa que llegó para transformarnos a todos, y Nacahui fue la prueba viva de cómo el arte es capaz de sembrar una esperanza imborrable en el corazón de los territorios.



