miércoles, mayo 20, 2026
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El cierre de campaña presidencial

Por Eduardo Nates López.

Se acerca el final de una campaña presidencial que podríamos calificar como “dramática”, por el tiempo transcurrido, propicio para la polarización y las agresiones y, más que todo, por los delictuosos componentes que Petro, en clara violación de la ley, le ha agregado, con el favorecimiento descarado a su candidato y “Heredero a la fuerza,” Iván Cepeda. Con franqueza digo que nunca había visto en una campaña, vallas publicitarias de un candidato, con la foto del presidente en ejercicio… Pero ya nada sorprende. Petro ha militado en esa escuela en que los delitos (no solo electorales, como financiación ilegal de las campañas) se pueden cometer con absoluta tranquilidad. O ¿Se nos olvidó que en los primeros días de su mandato presidencial, la esposa del hijo -“que no crio” -destapó el ingreso de dineros procedentes de malas manos a la campaña, ardida por una infidelidad digna de novela mexicana de quinta categoría?… ¡Hoy, transcurridos cuatro años, ya se va a acabar el gobierno y no ha pasado nada!

No se puede desconocer que una parte del entramado delincuencial de primer nivel que estructuró el presidente, fue descubierto y desarticulado, y hasta se pusieron dos ministros tras las rejas, (entre ellos, un paisano nuestro)… ¡Pero el escarmiento fue ninguno! El saqueo al erario; los documentos y diplomas falsos; las mentiras y trampas; es decir, “la feria de la delincuencia” en diversos despachos oficiales siguió igual…

Es difícil entender que exista un sector del electorado apoyando la continuidad de este estilo corrompido de gobierno, en manos de un candidato como Cepeda, cuyo credo político es aún más extremista que el de Petro. Esto es explicable si se tratase de los beneficiarios del latrocinio gubernamental desvergonzado, nunca antes visto.

Las encuestas, cuyos resultados pueden ser, más que falseados “gestionados”, escogiendo intencionadamente los lugares y sectores sociales donde se dirigen las preguntas, siguen “orientando” al electorado… Es increíble que la sociedad no se haya enterado de la crisis de seguridad, que a todos nos afecta. ¿Será que esos electores no leyeron periódicos, ni vieron televisión ni oyeron radio y se les pasó la noticia de los 21 muertos y más de 50 heridos en el atentado de la vereda El Túnel, municipio de Cajibío, en plena carretera Panamericana, a manos de los amigos del candidato Cepeda? Cómo será de evidente este viejo nexo (documentado de sobra, con fotografías antiguas y nuevas) que le ha tocado pedirles a los subversivos que, por favor, “no le hagan más campaña, porque lo pueden perjudicar…” ¡Qué descaro!

Pero hecho el comentario anterior sobre las encuestas, toca resignarse a trabajar con ellas, como mecanismo público de información aproximado (y, con frecuencia intencionado) para medir las preferencias de voto. Por ejemplo: AtlasIntel, hace un par de días reveló el resultado de un sondeo realizado para la revista Semana entre el 9 y el 14 del mes en curso, con los siguientes resultados: Iván Cepeda: 37,6%; Abelardo de la Espriella: 32.9%; Paloma Valencia: 16,7%, Sergio Fajardo: 4,9% y Claudia López: 3,5%. De forma muy empírica, tendríamos que la suma de 32,9%, más 16,7% es igual a 49,6%, mayor que 37,6% de Cepeda, (sin contar el destino que los votos de estos dos últimos asuman, los que seguramente se repartirán, en segunda vuelta.)

La encuesta dice que en posibles escenarios de segunda vuelta, Abelardo, con 44% superaría a Cepeda, que tendría 40,4%. Y Paloma, con 40,6% también superaría a Cepeda que tendría 39,2%.

La luz al final del túnel está en que la suma de los porcentajes de los candidatos de la oposición (Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella) supera, teóricamente, en 12 puntos porcentuales, al número de votantes por el candidato del gobierno, que bien hacen en llamar: “El Heredero.”

Por suerte, esta álgida y tensionante temporada electoral (que incluye calumnias del presidente al registrador) se acerca a su final y con él, el riesgo de la orientación de la patria, cuyo destino jamás se había visto tan amenazado y en peligro de convertirse en un país como Venezuela, Nicaragua y/o Cuba, aún en manos del retrogrado -y por fortuna en extinción- comunismo internacional.

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