domingo, agosto 23, 2026
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Emergencia Económica post terremoto

Por Eduardo Nates López.

Es sabido desde tiempos inmemoriales que las calamidades terminan convirtiéndose en oportunidades. Por supuesto, hay que transitar ordenada y rápidamente las etapas del proceso social que se entabla para enfrentar sus consecuencias. Las comunidades, como protagonistas principales, son especialmente hábiles para conducirse en ello, con una gran dosis de sentido común y solamente requieren los elementos mínimos que el estado deba proveerles. 

El gobierno de Abelardo De La Espriella, que llevaba horas de posesionado, debió enfrentar el terremoto del 10 de agosto como su primer compromiso ineludible y, sin duda, le tocó postergar muchas labores ordinarias y rutinarias previstas para dedicarse a mitigar las duras consecuencias de la tragedia y planear el proceso de reconstrucción que nace abruptamente por la enorme destrucción en ciudades de la importancia de Quibdó, Pereira, Cali, Manizales, Buenaventura y varios centros poblados de la zona afectada por el sismo. 

En una semana de evaluaciones, consideraciones, decisiones y Mesas Técnicas con gremios económicos e importantes empresarios, estuvo listo el Decreto 1261 del 19 de agosto de 2026, que declara el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica, en los 15 departamentos más afectados, durante 30 días, para conjurar la crisis y disponer lo necesario para arrancar la reconstrucción física y social requerida. 

Es especialmente notoria y reconfortante la confianza del sector privado en el gobierno actual, que se refleja no solo en la disposición a colaborar sino, efectivamente, en las jugosas cifras que ya varios de los grupos económicos más grandes han girado. Basta mencionar ejemplos como el Grupo Sarmiento Angulo, la familia Gilinsky, el empresariado antioqueño y muchos otros industriales de todos los rincones del país. Sin duda, la generosidad y la solidaridad del sector privado, brillan esplendorosamente. Y, digámoslo con franqueza: difícilmente, se hubiese presentado una situación similar frente a un gobierno como el anterior, cuya falta de transparencia y desbordada corrupción latían estruendosamente. 

El texto de un decreto de estas características, por requerimiento constitucional,  debe llevar la firma de los 18 ministros que conforman el gabinete. Las consideraciones que consagra esta disposición legal son de especial valor y se nota el profundo análisis y compromiso del gobierno en su propósito de restablecer, cuanto antes, la normalidad en las zonas afectadas. Pero es imposible omitir las consideraciones sobre la situación en que este nuevo gobierno encuentra -y le tocó recibir- las finanzas del estado. No he sido muy amigo del slogan de “Patria Milagro” (que usaron en campaña), pero, ciertamente, se va a necesitar que ocurra uno de estos para conseguir la normalización de las circunstancias o por lo menos acercarse a ellas. No se puede usar el dicho coloquial de: “…raspar la olla…” porque ni siquiera dejaron la olla…

Por suerte existe confianza aquí y en otros países, en organizaciones internacionales y la banca multilateral, que también se han hecho presentes y conforman el ajuar con el que toca comenzar a trabajar. La solidaridad, comprensión y confianza que debemos tener los colombianos en este trance en que se halla el gobierno De La Espriella y el país en general, deben ser muy amplias. Me atrevo a hacer una aseveración a priori en el sentido de que, si el presupuesto que presentó el gobierno anterior (que fue devuelto para corregirlo) arrastra un déficit de ¡$30 billones! y la atención de las afectaciones del terremoto del 10 de agosto vale otros ¡30 billones de pesos! estamos hablando de la astronómica suma de ¡60 billones de pesos! que se requieren para llegar a la senda de la recuperación. No es menor, entonces  la tragedia de herencia que recibe ADLE el primer día hábil de su gobierno: desayunar con un sismo que cobra la vida de más de 400 personas, miles de heridos y enormes pérdidas en bienes públicos, iglesias, e inmuebles residenciales y de comercio, lo convierte en legislador transitorio para procurar medidas tendientes a conjurar la crisis. ¡Dios le ayude y salve a Colombia!

Triste cerrar está nota expresando el pesar que sentimos quienes compartimos gratos momentos de la vida con Cesar Vernaza Niño y Luis Gerardo Heredia Caicedo. Paz en sus tumbas y condolencias a sus familias.

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