El Real Madrid de Arbeloa rozó la remontada en una noche de intercambio de golpes, pero la expulsión de Camavinga y la aparición final de Luis Díaz sellaron el pase de los bávaros a semifinales.

Por Antonio María Alarcón Reyna
El fútbol europeo posee escenarios donde las leyes del tiempo parecen suspenderse para dar paso a la épica. El Allianz Arena de Múnich, hogar del Bayern, fue el miércoles el teatro de un enfrentamiento que forma parte de la memoria del continente.
Lo que sucedió sobre el césped fue un derroche de energía y fútbol que terminó con la eliminación blanca tras un marcador final de 4-3 (5-4 en el global) a favor del conjunto alemán.
Empezó la locura
Apenas se habían cumplido 34 segundos cuando el guion del partido saltó por los aires. Manuel Neuer, el veterano portero que fue la figura en el Santiago Bernabéu, cometió un error en la salida de balón. El pase, corto y defectuoso, terminó en los pies de Arda Güler. El centrocampista turco, con la frialdad de quien domina el espacio, golpeó de primera intención con su pierna izquierda desde una distancia de 40 metros. El balón recorrió el aire ante la mirada de una portería vacía y se alojó en la red. El Madrid golpeaba primero y empataba la eliminatoria de forma inmediata.
La alineación de Arbeloa fue una declaración de intenciones. Por primera vez en la historia del club en esta competición, el equipo titular no presentó jugadores seleccionables por España. Ante la ausencia de Tchouaméni, el técnico apostó por un centro del campo de vocación ofensiva con Valverde, Bellingham, Brahim y el propio Güler. La consigna era clara: percutir y aprovechar la velocidad.
En la vuelta de los cuartos de final de la Champions League, el Real Madrid dirigido por Álvaro Arbeloa acudió a la cita con la obligación de revertir el 1-2 de la ida.
Intercambio de golpes
La alegría visitante duró poco. El Bayern, fiel a la filosofía de Vincent Kompany, no retrocedió. A los seis minutos, tras una serie de saques de esquina que asfixiaron a la defensa madrileña, llegó el empate. Pavlovic aprovechó un error en la marca de Trent Alexander-Arnold y un fallo en la salida de Lunin para conectar un cabezazo que puso el 1-1 en el marcador.
El partido se convirtió en una persecución constante. A la media hora de juego, el Real Madrid volvió a adelantarse. Una falta que pareció regalo del árbitro en la frontal del área permitió a Arda Güler demostrar su precisión. El turco superó la barrera y clavó el balón en la escuadra de Neuer, firmando un doblete que devolvía la esperanza al madridismo. Sin embargo, la persistencia bávara obtuvo premio antes del descanso. Harry Kane, el referente del área alemana, encontró un espacio para batir a Lunin y poner el 2-2.
Cuando el primer tiempo agonizaba, el Madrid desató su velocidad. En una transición rápida, Vinicius Junior habilitó a Kylian Mbappé. El delantero francés, en un mano a mano lleno de potencia, batió a Neuer para establecer el 2-3. Con este resultado, el equipo de Arbeloa se marchaba a los vestuarios habiendo dado la vuelta a la eliminatoria.
El punto de inflexión: la expulsión
El segundo acto se presentó más trabado. El cansancio hizo mella en el despliegue físico de ambos conjuntos y las ocasiones se repartieron de forma equilibrada. Arbeloa introdujo a Eduardo Camavinga para dar oxígeno al centro del campo y contener las acometidas del Bayern. No obstante, el francés se convirtió en el protagonista involuntario del desenlace.

En una jugada de alta tensión, Camavinga vio la primera tarjeta amarilla. Poco después, en una acción donde intentó demorar el saque de una falta a favor del Bayern retirando el balón, el colegiado mostró la segunda cartulina. La expulsión dejó al Real Madrid con diez jugadores en el tramo crítico del encuentro. Tras la eliminación, Arbeloa no ocultó su descontento en la zona de prensa, calificando la decisión del árbitro como “inexplicable” y señalando que esa acción condicionó el esfuerzo de sus futbolistas.
Luis Díaz y la sentencia final
Con la superioridad numérica, el Bayern Múnich trituró la resistencia blanca. En el minuto 89, cuando el tiempo reglamentario llegaba a su fin y el Madrid intentaba resistir para forzar la prórroga, apareció Luis Díaz. El extremo colombiano, que había sido una amenaza constante por la banda, aprovechó un balón suelto para definir con carácter y potencia. El gol de Díaz puso el empate en el partido y dio la ventaja definitiva en la eliminatoria al Bayern.

Con el Madrid volcado en ataque de forma desesperada, Olise aprovechó los espacios para anotar el cuarto gol bávaro, cerrando el marcador en un 4-3 que desató la euforia en las gradas del Allianz Arena. El pitido final confirmó la clasificación del Bayern a las semifinales, donde se medirá al París Saint-Germain.
Conclusiones de una despedida
El Real Madrid se despidió de la Champions League en una noche donde mostró su mejor versión competitiva de la temporada. Hasta la expulsión de Camavinga, el equipo respondió con autoridad al asedio alemán y golpeó con efectividad a través de la calidad de Güler y Mbappé. Sin embargo, la falta de control en los minutos finales y la eficacia de figuras como Luis Díaz terminaron por derribar el muro defensivo del conjunto español.
El Bayern avanza en su búsqueda del título continental, mientras que en el entorno blanco el debate se centra en la labor arbitral y en la reconstrucción del equipo para el próximo curso. Arbeloa evitó pronunciarse sobre su continuidad en el banquillo, centrando su análisis en el orgullo de un grupo de jugadores que compitió contra un rival de nivel mitológico hasta el último suspiro. El fútbol europeo cierra así otro capítulo de una rivalidad histórica que, tras medio siglo de enfrentamientos, volvió a ofrecer un espectáculo de alta tensión en Baviera.



