martes, febrero 3, 2026
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Aprendiendo a cocinar letras

HORACIO DORADO GÓMEZ – horaciodorado@hotmail.com

Es cierto, en cualquier acto de la vida cívica, se requiere el dominio de la escritura. Estimaciones recientes calculan que en Colombia hay aproximadamente 1.8 millones de personas analfabetas. De allí que, en el contexto de escribir, significa más que conocer el abecedario, saber juntar las letras para redactar una frase. Es una tarea ardua, porque es como edificar una casa. No solo en el sentido literal, colocar ladrillo a ladrillo con cimientos sólidos y bien diseñados. Igualmente, quienes escribimos, quedamos indefensos ante la hoja en blanco, con miedo a la página vacía y, ansiosos por no tener ideas o por hacer algo mediocre.

Entonces, me valgo del arte de la ebanistería y la culinaria para explicar este tema. En general, la formación en la escritura se aprende escribiendo. La que adquirimos, la mayoría es fragmentaria, por no decir pobre; redactar y revisar en un ir y venir. Algunas personas creen que los escritores nacen. No hay tal. Así como el carpintero aprende a tallar la madera. Así mismo, el vocablo escritor no tiene ningún misterio ni un prestigio inmerecido. Cualquier persona que hable, hablador, puede escribir lo que dice. Es válido decir, que lo mismo sucede con la sazón en la tradición culinaria en un variado menú. Adobar los productos y aprender a cocinar las letras, combinándolas para que resulte un buen plato, preparando las ideas para un excelente escrito. “Lo que no es tradición es plagio”. 

Los seres humanos somos distintos; pero, el estilo es al autor, como el carácter es a la persona. De niño me enseñaron las primeras letras (a, e, i, o, u) y luego el abecedario. Con el transcurrir del tiempo, aprendí a unir las letras para formar palabras cortas y básicas, construyendo oraciones gramaticales: “mi mamá me ama”, “yo amo a mi mamá”. Y así, comprendí que podía leer lo que escribía y amar a quien quería. Tiempo después, tuve la facilidad de leer, comprender y memorizar la longitud de las frases. Así recuerdo ese impulso inicial, que siguió con la comprensión de lectura y, a entender la primera vez que leía. Eran mis primeros pasos, porque escribir es el proceso de transformar los pensamientos en letra impresa. 

Sin equívoco, la lectura es el pilar para desarrollar habilidades de escritura, ya que amplía el vocabulario, mejora la gramática, la ortografía, y enseña estructuras narrativas y estilos. A diario recibo mucha influencia, de la lectura de periódicos, revistas y libros; pero aún, los preparativos no están todavía hechos para meterlos al horno. Falta mucho para describir las estrategias cognitivas que se utilizan para escribir. Hay que rebuscar las ideas que surgen de la reflexión, la conversación y entornos que estimulan la mente, como un proceso natural de asociación mental y creatividad de quien redacta y escribe. Es el uso de recetas en la composición de ideas que desembocan en la elaboración de un escrito con buena redacción. Así que el aprendizaje no se queda atrás, porque sigo manejando la preocupación por mejorar mi comunicación escrita. Así como el artista, tallador de madera vuelve y pule porque el tallado inicial deja una superficie rústica que necesita ser alisada y acabada con lijado y pulido. Igualmente, en conjunto considero, sin pretender ser exhaustivo, que parte de este escrito, lo que busca, en este año que inicia, es poder lograr una escritura más eficaz, clara, correcta, para plasmar mis ideas. Por ello, corrijo exhaustivamente a menudo cuando escribo, para pulir el texto, detectar errores que mi mente pasa por alto, asegurando que llegue a los lectores en su mejor versión. Es pues, todo un proceso vital para transformar un borrador en una obra acabada y efectiva. 

Civilidad: La importancia de escribir bien, radica en la necesidad de restaurar el valor comunicativo de nuestras ideas. 

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