En una noche mágica en Texas, el capitán argentino superó el histórico récord de Miroslav Klose para alcanzar los 18 gritos sagrados en las Copas del Mundo.

Por Antonio María Alarcón Reyna
El fútbol, en su esencia más pura, no es solo un deporte de dinámicas y tácticas; es un catálogo de emociones compartidas, un hilo invisible que conecta la memoria de los pueblos con las hazañas de sus héroes. Hay tardes donde el césped se transforma en un lienzo y el balón en una pluma que escribe mitos.
Lo vivido este lunes 22 de junio en el imponente AT&T Stadium de Arlington, Dallas, no fue un partido más de la fase de grupos. Fue el día en que el tiempo se detuvo para rendirle pleitesía al hombre que se niega a envejecer.
Lionel Andrés Messi Cuccittini, a sus 38 años, volvió a desafiar las leyes de la física, de la lógica y del destino. Con el dorsal ’10’ brillando bajo los focos de Texas, el capitán argentino anotó dos goles en la victoria de la Selección Argentina sobre Austria, llegó a la astronómica cifra de 18 goles en Copas del Mundo y se erigió en el máximo goleador de todos los tiempos en el torneo más importante del planeta.
El tropiezo que encendió el fuego
La épica necesita del drama para ser verdaderamente conmovedora. El partido ante la siempre física y ordenada Austria de Ralf Rangnick no comenzó como el guion idílico que la marea albiceleste esperaba en las tribunas. Apenas a los nueve minutos de juego, una falta en el área austríaca encendió la ilusión colectiva. Penal para Argentina. Messi se acomodó frente a la pelota, la atmósfera se tensó y el remate, caprichoso, no terminó en la red. El arquero adivinó o el destino quiso jugar con los corazones de los miles de fanáticos presentes.
Para cualquier mortal de 38 años, con la vitrina repleta y la gloria eterna asegurada en Qatar, un penal fallado en el amanecer del encuentro podría haber sido el prólogo de una noche gris, de esas donde el cuerpo empieza a pasar factura. Pero Messi hace tiempo que juega en el jardín de la inmortalidad. Ese fallo no fue un golpe; fue el combustible que despertó la versión más voraz del genio.
Argentina, bajo la impecable pizarra táctica de Lionel Scaloni, no se desesperó. El técnico santafesino le ganó el duelo estratégico a Rangnick, poblando la mitad de la cancha con un orden, una solidez y una capacidad ofensiva que recordaron a las mejores noches de Lusail. El equipo arropó a su líder, y el líder, en la primera oportunidad clara que fabricó la maquinaria nacional, respondió con la frialdad de los elegidos.
Con un doblete épico ante Austria, el astro de 38 años demostró que su romance con el fútbol no tiene fecha de vencimiento y mantiene encendida la llama de la esperanza albiceleste en el Mundial 2026.

Control, espacio mínimo y a cobrar. La red se infló y el grito de gol unió a Arlington con Buenos Aires, con Rosario y con cada rincón del planeta donde se respira fútbol. Era el 1-0. Era el gol número 17 en los mundiales.
En ese preciso instante, el fantasma del gigante alemán Miroslav Klose, quien ostentaba el récord con 16 tantos desde aquel recordado 7-1 a Brasil en 2014, quedaba definitivamente atrás. Lionel ya estaba solo en la cima del Everest del fútbol.
De Gelsenkirchen a Dallas: La película de una vida
Para entender la magnitud de los 18 goles que hoy coronan a Messi, es necesario mirar hacia atrás, al camino recorrido, un trayecto repleto de resiliencia y maduración que comenzó hace exactamente dos décadas.
El mapa del tesoro: Los 18 gritos de la Pulga
Alemania 2006, a Serbia y Montenegro
Brasil 2014 , Bosnia y Herzegovina
Brasil 2014, Irán
Brasil 2014, Nigeria (doblete)
Rusia 2018 a Nigeria
Qatar 2022 a Arabia Saudita
Qatar 2022 a México
Qatar 2022, Australia
Qatar 2022 a Países Bajos
Qatar 2022 a Croacia
Qatar 2022 a Francia (doblete)
Mundial 2026 a Argelia (tripleta)
Mundial 2026 a Austria (doblete)
Mirar esta tabla es contemplar la evolución de un artista. Desde aquel adolescente eléctrico que cerró la goleada ante Serbia en 2006, pasando por el estratega maduro que frotó la lámpara contra Irán y Nigeria en 2014, hasta llegar a la versión mística y comandante de Qatar 2022, donde cargó con las esperanzas de millones para bordar la tercera estrella en el pecho.
Cuando muchos pensaban que la historia se había cerrado con los fuegos artificiales de Doha, el Mundial 2026 nos reservaba el capítulo de la vigencia absoluta. Messi había avisado en el debut frente a Argelia con un triplete colosal que lo sentó en la mesa de Klose. Y este lunes, ante la rigurosidad europea de Austria, selló su nuevo estatus de leyenda solitaria.
El broche de oro y la ilusión de la cuarta
El partido agonizaba y el 1-0 parecía definitivo. Argentina controlaba el balón con la autoridad de quien sabe defender la corona mundial. Sin embargo, el destino tenía preparado un destello más para adornar la noche de Dallas. En el último suspiro del encuentro, cuando las piernas de todos pesaban toneladas, el diez olió la oportunidad. Una contra letal, un desmarque al espacio y una definición sutil, marca de la casa, que selló el doblete y el 2-0 definitivo. 18 goles en total. Una cifra que parece de otra época, de otro planeta.
“Ver jugar a Messi a esta edad y con este nivel de compromiso no es solo un privilegio para los argentinos, es una bendición para el fútbol mundial. No persigue los récords, los récords lo persiguen a él”, comentaban los cronistas en la zona de prensa del AT&T Stadium, rendidos ante la enésima exhibición del astro.
Con esta victoria, la Albiceleste no solo celebra el hito individual de su capitán, sino que camina con paso firme y paso de gigante hacia la ronda de 32, quedando a las puertas de asegurar la clasificación matemática. La vigencia del campeón está intacta. Hay orden defensivo, hay frescura en el mediocampo y, sobre todo, está él.
La victoria ante Austria nos regala una maravillosa certeza: el fútbol sigue siendo un lugar feliz mientras Lionel Messi tenga ganas de atarse los botines. A sus 38 años, con el cuerpo curtido en mil batallas y el alma serena de quien ya lo ha ganado todo, el capitán argentino sigue compitiendo como si fuera aquel chico que debutó en Alemania hace veinte años. La defensa del título continúa, el sueño de la cuarta Copa del Mundo está vivo, y la leyenda del máximo goleador de la historia de los mundiales sigue sumando páginas doradas. Que no se termine nunca.



