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MinAgricultura: ¡Comprensión…!

Por Eduardo Nates López

En informaciones extraoficiales, ya son 19 mil las reses muertas en el país. Pero el señor Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural ha salido a los micrófonos y los medios a regañar a algunas asociaciones de ganaderos de la costa atlántica, que están clamando por las justas medidas de emergencia que debe tomar un gobierno serio y preocupado por la producción agropecuaria, como dice ser este.

Comencemos por decir que algo de tranquilidad nos da el hecho de que al frente del Gobierno se encuentra Abelardo de la Espriella, un hombre de experiencia empresarial que, en buena hora, fue elegido para devolverle la esperanza a un país que la tenía perdida, tras los cuatro años de exabruptos escondidos en la bruma del resentimiento político y social de Gustavo Petro.

Por supuesto, el nombramiento de Indalecio Dangond Baquero, en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, ha sido otro de los aciertos de De La Espriella. Quienes transitamos los caminos del campo, en cualquier ocasión hemos tenido en la mano documentos y leído columnas de opinión escritas por él, en las que hace gala de conocimiento y especialización en la materia. Por eso, nos desconcierta a los ganaderos (en mi caso, del suroccidente del país), que una de sus apariciones en las redes y en los medios nacionales, haya sido para regañar a unas asociaciones de ganaderos de la costa caribe colombiana, porque han hecho pública su enorme y válida preocupación por las medidas tan cortas que hasta el momento ha tomado el gobierno para enfrentar las pérdidas y consecuencias del Fenómeno del Niño, que en pocos meses de presencia crítica ya cuenta la muerte de diecinueve mil (19.000) reses y faltan muchos meses aún por transitar en tan dolorosas condiciones climáticas. Hacer público un aviso de $9.900 millones de pesos dirigidos a 70.000 pequeños ganaderos -de menos de 50 reses-, tiene un gran sentimiento social y político. (Aunque, si hacemos una operación aritmética elemental como la división: $9.900’000.000/70.000, daría: $141.428,5 por usuario, que se convertiría en una medida inane) Por lo pronto, creamos que no dejará de ser un pronunciamiento preliminar alrededor de la emergencia, ante los muchos que le va tocar hacer, frente a semejante calamidad que está desgranando al sector agropecuario y ganadero del país. Y por lo mismo, no puede “molestarse” porque ganaderos pequeños, medianos y grandes de todo el país, estén llamando la atención del gobierno, por el tamaño de la catástrofe climática que amenaza en el horizonte…

Es comprensible que el nuevo gobierno esté tratando de acomodarse en sus escritorios, bastante conmocionado, especialmente cuando a pocas horas de posesionado se le vino encima una tragedia como el terremoto del 10 de agosto pasado, con daños que pueden sobrepasar los treinta billones de pesos y al mismo tiempo encontrarse con el saqueo vergonzoso de las arcas públicas, propiciado por el gobierno pasado. Pero la naturaleza (por demás agredida…) no sabe ni de fechas ni de política. ¡Ella simplemente reacciona! Y quienes deciden asumir las riendas de un gobierno, en cualquier país del mundo, llegan con el deber de entender a su comunidad gobernada, inclusive desde antes de sentarse al escritorio. Y dentro de ese deber, obviamente, está la paciencia y la comprensión para los momentos difíciles. Ese tono altisonante contra los gremios también fue objeto de contundente respuesta de Federarroz, afectado por el contrabando de arroz que entra por la frontera sur, sin ningún control, en mulas de varias toneladas. 

Pronto evidenció el Ministro, la diferencia entre ser columnista de Portafolio e intermediario para los créditos de Finagro, y estar en ese despacho, como cabeza del sector más importante para la vida de los colombianos, (Y entre ellos los campesinos, cuya existencia y acertada denominación nos enorgullece y arropa, porque campesino es, también, el género de todos los ganaderos de la patria). 

Los ganaderos, señor ministro, no lo están atropellando. Están expresando sus angustias ante quien tiene el deber político y social de entenderlos. Sabemos de sus capacidades y conocimientos y estamos seguros de que las respuestas del gobierno serán positivas, adecuadas y, sobretodo, oportunas.

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