Por Eduardo Nates López.
En un ambiente tan impregnado de política, por la cercanía de las elecciones que arrancan este domingo 8 de marzo y terminan en junio y por la polarización propiciada por el personaje que nos gobierna, toca seguir el ritmo. En este departamento, donde históricamente han florecido tantos pensamientos políticos divergentes, coincidentes o simplemente diferentes, se torna a veces difícil manifestarse públicamente sin generar controversia, pero de eso trata el ejercicio periodístico de opinión. Por fortuna, la intención siempre ha sido opinar sin injuriar y sin atentar contra la honra de quienes, conociendo los riesgos que ello implica, se suben a la palestra pública. Y la generosidad de este periódico lo permite.
Llegamos, entonces, a la primera de las fechas determinantes del panorama político nacional, en la que se elige la conformación del Poder Legislativo, el cual, dicho sea paso, ha jugado un papel trascendental. Creo que tanto en el Senado como en la Cámara, han logrado atajar el incendio del resentimiento y los egolátricos arrebatos reformistas y destructores del jefe del Poder Ejecutivo, Gustavo Petro y su cuadrilla.
Interesante también, que se trata de poner en práctica otros procedimientos electorales democráticos como las “Consultas”, para escoger, de entre actores de variada categoría, quiénes serán los “ungidos por la voluntad popular”… Es decir, estamos ante el ardiente festival de una de las pasiones más enardecedoras del pueblo colombiano: ¡Elecciones!
No sé si sea el transcurso del tiempo en general o el paso de los años sobre mí, lo que me hace sentir que estos eventos electorales, en el Cauca, han sufrido una transformación considerable. La ausencia de figuras pretéritas como Víctor Mosquera Chaux, Aurelio Iragorri Hormaza, Guillermo Alberto González, Juan José Chaux, Cesar Negret Mosquera, Mario S. Vivas, Ignacio Valencia López, Edgar Orozco, José Darío Salazar etc., en las listas de los partidos tradicionales, (liberal y conservador) y otros candidatos de opciones alternativas, muestra claramente el giro enorme hacia la izquierda que ha tenido el departamento. Por ende, no sería justo desconocer los esfuerzos por recuperar estos caminos, que realizan actualmente nuevos líderes como Edgar Gómez, Luis Miguel Zambrano, Lucy Amparo Guzmán, Juan José Salamanca, Nelson Palechor y los actuales representantes a la Cámara Oscar Campo y Cesar Cristian Gómez, cuya reelección sería benéfica para el departamento, dado el kilometraje que traen recorrido. ¡Hay que salir a votar, por cualquiera de ellos y por la democracia!
Mi voto para Senado será por la lista cerrada de Centro Democrático para apoyar el regreso de Álvaro Uribe Vélez, como garantía y fuerza capaz de levantar un muro de contención ante las pretensiones comunistas.
Imposible excluir esta “foto instantánea” del proceso electoral regional la justa y necesaria escogencia de la payanesa Paloma Valencia como candidata presidencial, quien ha dado lo mejor de su inteligencia y de su juventud por defender a Colombia de los peligros que nos acechan en la oscura senda de la izquierda y del comunismo decadente en el resto del mundo, que nos quieren imponer a la fuerza, lamentable y descaradamente, el presidente Petro y su gobierno, usando indebidamente los recursos y el poder del estado, para heredárselo al peligroso Iván Cepeda o, peor aún, a quien está asomando las orejas en la penumbra de la sucesión: el indefinible Roy Cepeda, que ha sido Uribista, Santista, Duquista, hasta hace unos días Petrista y hoy “de Centro…”
Votar en la consulta y por Paloma Valencia es reconocer su capacidad, entrega, disciplina, valentía y gratitud con esta, su tierra, para la cual no escatima oportunidad de reconocer su origen y dolerse de los momentos tan difíciles que estamos atravesando. Es participar en la selección de la mejor entre los mejores, porque esa lista es de primer orden; Todos con experiencia, carácter y una trayectoria de decencia y corrección en el manejo de los asuntos que han tenido a su cargo. Ninguno sufre de esa patología terminal del resentimiento que tanto ha lesionado la cohesión social, enfermedad con la cual Petro gobernó a Bogotá y durante estos largos años desgobernó en Colombia, al punto de que el libro “Tiberio, el manual de un resentido”, ha regresado a la lectura de muchos, dadas las claras coincidencias.




