Por Eduardo Nates López.
Creíamos que por su conocimiento del sector y su recorrido en la opinión pública, conocido a través de columnas y ensayos difundidos en diferentes medios escritos, se contaba con un ministro ponderado, ecuánime, para un sector tan importante como el agropecuario. Pero, lamentablemente, Indalecio Dangond, ha protagonizado ya algunos incidentes que muestran lo contrario.
A finales de septiembre, regañó a unos representantes ganaderos de Córdoba que simplemente reclamaban por la demora y la inocuidad de las medidas tomadas por el gobierno frente a los efectos del fenómeno del Niño, cuyas consecuencias eran previsibles. Ahora, el pasado martes 3 de noviembre, literalmente, “se salió de la ropa”, en una reunión convocada por él mismo a su despacho; Y, vergonzosamente airado, le gritó al representante de los ganaderos afiliados a FEDEGAN, José Félix Lafaurie Rivera, que debía retirarse de dicha sesión, cuando este solicitó una hoja de papel para anotar unas cifras expuestas por el ministro, cuestionando la administración del Fondo Nacional del Ganado, a cargo de Fedegán. Con estos recursos, entre otras cosas, se atiende nada menos que la vacunación, dos veces al año, contra la fiebre aftosa y otras enfermedades del hato ganadero nacional, que hoy ronda alrededor de 30 millones de reses, programa que es, prácticamente un inmenso e intenso operativo de cobertura nacional ¡considerado ejemplar por otros países del continente!
Comencemos por la urbanidad y el porte que, indefectiblemente, obligan a un ministro de despacho, sea cual fuere su estado anímico o su discrepancia política. Digamos que la frase altisonante, soez y retadora: “…se sale o lo saco…” se presume ausente en el léxico ministerial, y, más aún, en una reunión convocada por el propio ministro… Por supuesto, vino la respuesta seria y educada pero tajante de Lafaurie, con un: “no me salgo… este es un despacho público”. Pero, el ministro siguió con su encarnizada actitud y declaró finalizada la reunión…
Es obligante remitirse a situaciones y sucesos pretéritos, cuando el minAgricultura, Aurelio Iragorri (jr), en el gobierno Santos, en 2015, por una retaliación política al mejor estilo santista, ordenó quitarle el manejo de los recursos de dicho fondo a Fedegán, lo que trajo funestas consecuencias para la ganadería colombiana, como perder el estatus de “País libre de fiebre aftosa con vacunación”, certificado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Indalecio Dangond era asesor del entonces ministro Iragorri…
Por fortuna, el gobierno de Iván Duque le devolvió a Fedegán el manejo del Fondo Nacional del Ganado el 5 de enero de 2019. El contrato se pactó nuevamente por un periodo de 10 años y en febrero de 2020, se recuperó la clasificación de país libre de fiebre aftosa, condición sanitaria imprescindible para garantizar el consumo nacional e internacional.
Y no contento con su grotesca actitud, el ministro Dangond, para reforzar su tropelía, amenaza con acudir a la realización de una “auditoria forense” (que vale nada menos de $660.000 millones), cuando acaban de salir los funcionarios de la Contraloría General de la República de la sede de Fedegán, con un dictamen encomiable sobre la administración de los recursos públicos del fondo, en una visita que duró de febrero a junio de este año. Resulta por lo menos paradójico (no quiero decir ridículo o grotesco), que el ministro trate de asustar al gremio, con unos exámenes que terminan arrojando resultados perfectamente favorables a la organización, cuya Junta Directiva nacional expresó el respaldo unánime a Lafaurie.
Lamentables los bandazos que está dando el ministro Dangond, que dejan ver su carácter notablemente “santista” (por la doble cara), pues recién nombrado ministro visitó la sede de Fedegán y manifestó su admiración y cercanía con el gremio y la actividad ganadera. Y ahora (no se sabe si deslumbrado por el poder), actúa de forma inamistosa y contrastante contra el mismo gremio.
El gobierno de la “patria milagro” requiere de un ministro que se ocupe de plantear políticas y proyectos de fondo para un país que vive del campo y para el campo. No una persona regurgitando viejas rencillas políticas y resentimientos personales (con Fedearroz sucedió lo mismo…), mientras reinan unas circunstancias tan complejas como las que vive hoy el campo colombiano.


