En un emotivo telegrama tras el fallecimiento del obispo emérito de Xai-Xai a sus 98 años, el Pontífice destacó su dedicación al pueblo de Mozambique. Horas después, durante la audiencia general, el Santo Padre profundizó en la dimensión eclesial de la liturgia, calificando la oración como una necesidad humana frente al eficientismo moderno.

El Papa León XIV dedicó sentidas palabras de homenaje y condolencias espirituales tras el fallecimiento, el pasado 3 de agosto a los 98 años de edad, del cardenal Júlio Duarte Langa, quien fuera obispo emérito de la diócesis de Xai-Xai, en Mozambique, jurisdicción pastoral que guiara con abnegación durante casi tres décadas. A través de un telegrama dirigido a Monseñor Francisco Chimoio, franciscano capuchino y actual administrador apostólico de la mencionada sede episcopal, el Santo Padre manifestó su profunda cercanía con el pueblo mozambiqueño, la Conferencia Episcopal y los allegados del difunto prelado.
En su mensaje, el Pontífice definió el momento actual como un tiempo de duelo impregnado “sobre todo, de esperanza”, elevando alabanzas por la prolongada existencia de Dom Júlio y la fecunda gracia de su ministerio sacerdotal puesto al servicio de la Iglesia universal. León XIV remarcó el estilo de cercanía y sencillez que caracterizó la labor pastoral del cardenal africano, subrayando que jamás se dejó doblegar por las adversidades ni por las complejas realidades de su nación.
Un legado de reconciliación en Mozambique

El obispo emérito de Xai-Xai dedicó más de 28 años de su vida a la guía de su rebaño en Mozambique. En palabras del Vicario de Cristo, el cardenal Duarte Langa supo discernir en medio de los momentos más oscuros los lugares sedientos de la Buena Nueva, convirtiéndose en un incansable mensajero de concordia. “Anunció la paz”, destacó el Papa, recordando el empeño del purpurado por proclamar un evangelio de reconciliación indispensable para cimentar un futuro de fraternidad entre todos los habitantes de la nación del sudeste africano.
La oración como dimensión esencial de la humanidad
Posteriormente, este 5 de agosto, tras el habitual receso del mes de julio, el Papa reanudó sus audiencias generales en el marco de la Basílica de San Pedro, recinto elegido para proteger del intenso calor veraniego a los cerca de 5.000 fieles congregados. En esta quinta catequesis centrada en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, León XIV abordó con vehemencia el tema “La oración de la Iglesia”, advirtiendo contra la tendencia contemporánea de degradar el acto orante a un mero recurso secundario.
El Santo Padre lamentó que, en contextos culturales dominados por el eficientismo y el consumo desmedido, la oración sea relegada o percibida erróneamente como una evasión inútil frente a los avances de la ciencia y la tecnología. De igual modo, expresó su preocupación por aquellas familias cristianas donde se ha dejado de transmitir la práctica de la oración, o donde esta se confunde con una simple técnica de naturaleza psicológica destinada al bienestar personal. Frente a ello, sostuvo categóricamente que orar constituye una dimensión fundamental e irrenunciable de la naturaleza humana que exige ser redescubierta en toda su verdad.
La Liturgia de las Horas: escuela y aliento eclesial
Retomando las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las palabras de San Pablo VI, el Pontífice enfatizó que la liturgia debe posicionarse como la primera fuente de vida divina y el eje central para la participación activa de los creyentes. Explicó que la oración no es una construcción individual aislada, sino una respuesta guiada por el Espíritu Santo que habita en la Iglesia desde el día de Pentecostés.
En este contexto, León XIV hizo un vehemente llamado a rescatar la Liturgia de las Horas e integrarla orgánicamente en la cotidianidad de los bautizados, los catecúmenos y las comunidades parroquiales. Definió esta oración pública diaria —inseparable del misterio eucarístico— como una verdadera escuela de vida espiritual que permite “santificar el tiempo”. Citando a San Agustín, el Papa recordó que al orar no se puede separar a la Cabeza de su Cuerpo, pues es la voz de Cristo la que resuena en las súplicas de la Iglesia.
Finalmente, el Pontífice desglosó cómo la Liturgia de las Horas acompaña cada tramo del día: desde la mañana, donde se inicia la jornada con gratitud; pasando por el mediodía, pidiendo fortaleza; la tarde, con las Vísperas que marcan el ocaso del trabajo; hasta la noche, cuando el creyente se entrega al descanso bajo la paz divina. Concluyó afirmando que cada hora orada se transforma en un acto de esperanza activa mientras la Iglesia aguarda el retorno glorioso del Señor.


