Por Eduardo Nates López.
Después de las expresiones de júbilo mundial por el otorgamiento del Premio Nobel de Paz 2025, a la inigualable líder venezolana María Corina Machado, es poco lo que se puede agregar. Pero no por ello puede uno guardarse el sentimiento de satisfacción y solidaridad que este hecho ha generado.
Naturalmente, esa clase de reconocimientos encierran, indefectiblemente, conceptos políticos sobre los acontecimientos de la humanidad que lo generan. Allí radica la equivocación de quienes lo critican “por razones políticas”… Es obvio que se trataba de reconocer la lucha política que ha venido dando María Corina, desde hace años, contra un régimen dictatorial corrompido, delictuoso, abominable y odiado por la enorme mayoría de ciudadanos del mundo. Solo basta mencionar que el éxodo venezolano es considerado el mayor en América Latina y uno de los grandes de la historia moderna, con más de 8 millones de habitantes que han huido del país.
La mezquindad y el resentimiento, que son la base de la personalidad de Petro, no le permitieron recibir la noticia del Nobel de Paz, con la generosidad a la que está obligado, como Jefe de Estado. Prefirió el camino del berrinche y la descalificación a los miembros del Comité adjudicador, que son los mismos que han premiado a connotados mamertos como el argentino Pérez Esquivel, la indígena Rigoberta Menchú o el camaleónico Juan Manuel Santos… Petro no resiste nada que toque al régimen de su aliado, el sátrapa Nicolás Maduro. Y no son solo los de Oslo sino también el gobierno de Trump, los que van por el “Cartel de los Soles”, narcos que se robaron, además del patrimonio de los venezolanos, las últimas elecciones de su país.
La lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela, ha llamado la atención de muchos gobiernos, organizaciones sociales y políticas del mundo. Y llegó a un punto culminante, en las elecciones presidenciales de Venezuela el 28 de julio de 2024, cuando de un total de 12’335.884 votos, la oposición liderada por María Corina, obtuvo más del 70% de los votos, según las Actas Electorales, que técnicamente recolectó el movimiento de oposición. Pero la dictadura de Maduro, contra toda evidencia, produjo unos “resultados oficiales” ficticios que lo dieron como “ganador”…
Por supuesto, esta situación, tremendamente irregular y mentirosa, ha suscitado en la mayoría de los gobiernos y organizaciones democráticas del mundo, una solidaridad política inmedible. Ha transcurrido más de un año esperando que la verdad sea reconocida y el poder político y el gobierno sean restituidos a los ganadores de las elecciones. En este doloroso calvario la figura central y cerebro del movimiento ha sido María Corina Machado, quien con valentía insuperable continúa viviendo en Venezuela (en la clandestinidad). Solamente los regímenes de izquierda intransigente y absurda, como el de Colombia, Rusia, China, Irán, Cuba, Nicaragua y dos o tres más, apoyan la trampa de Maduro, quien además de los delitos políticos y de lesa humanidad que ha cometido, es el capo del “Cartel de los Soles” que trafica ingentes cantidades de drogas hacia los Estados Unidos y el mundo. No olvidemos que el gobierno Trump ofrece una recompensa de US$ 50 millones por su cabeza.
María Corina dijo este lunes que podrá viajar en diciembre a Oslo (Noruega), a recibir su Premio Nobel, solo si el dictador Nicolás Maduro deja de estar en el poder. “Mientras Maduro esté en el poder, no puedo dejar el lugar donde me escondo porque hay amenazas directas contra mi vida.”
No se trata de ignorar o de ocultar la importancia de las gestiones a favor de la paz mundial que viene liderando el presidente Donald Trump. El final de la guerra en el medio oriente y el tratamiento del conflicto devastador entre Rusia y Ucrania, de hecho, lo hacen más que merecedor del galardón en cuestión. Pero la postulación de María Corina arrancó desde mucho tiempo atrás. Con certeza, Trump será reconocido oportunamente.
Solo queda concluir que la adjudicación a María Corina reivindica al Comité Noruego del Nobel, por decisiones anteriores, que han recaído en personajes con mérito inexistente, como Barack Obama, o cuestionable, como el de Juan Manuel Santos, por una “paz” totalmente inexistente como la de Colombia.




