Por Eduardo Nates López.
Con la posibilidad de que resulte saliéndole “el tiro por la culata,” el presidente del Ecuador, Daniel Noboa, resolvió imponer, -al estilo Trump- una sobretasa arancelaria del 30% a las importaciones desde Colombia, a partir del 1° de febrero.
La causa de esta medida no es extraña. Es evidente que el gobierno Petro se ha caracterizado por su laxitud en los controles del narcotráfico y su blandura frente a los problemas de orden público, protagonizados por las viejas estructuras subversivas del ELN y las FARC, en el suroccidente del país. Del Valle del Cauca, hacia el sur, pasando por los departamentos del Cauca y Nariño, difícilmente se puede ver un día sin eventos que sacudan el orden público. La toma de cabeceras municipales del Cauca, como Suarez, Morales, Buenos Aires, Caldono, etc. y también de Nariño; Los atracos en la carretera Panamericana y las vías adyacentes, a cualquier hora del día o de la noche, y toda suerte de delitos como asesinatos, secuestros, asaltos, ya hacen parte del acontecer diario en esta región. Desde luego que la incidencia de este desorden afecta la zona fronteriza con el Ecuador y avanza por el territorio vecino. Es sabido que el narcotráfico ha incursionado en ese país y que los despachos de drogas ilícitas por el Océano Pacífico han aumentado de forma considerable.
Ahora, si bien es comprensible la preocupación del gobierno ecuatoriano frente a este descuido del gobierno colombiano, no lo es tanto la reacción por la vía comercial, imponiendo una sobretasa de ese tamaño (ni de ninguno) a los artículos colombianos pues la afectación a los consumidores ecuatorianos, encareciendo estos productos puede resultarle una consecuencia crítica.
El Ecuador compra a Colombia, principalmente: Energía eléctrica, medicamentos, azucares de caña, café sin tostar, vehículos para el transporte de personas, y otro tipo de productos en menor cantidad. Haciendo un repaso corto, en el año 2023 el volumen de compras llegó a $2.015 millones de dólares; En 2024 bajó a 1.921 millones. Y, de enero a noviembre de 2025 ya iba en 1.673 millones de dólares. No es pues, un mercado pequeño y despreciable; Y menos aún para el sector industrial del Valle del Cauca.
No se trata, obviamente, de defender el desgobierno petrista, que los colombianos padecemos 24 horas diarias. Ni de rechazar la medida defensiva del presidente vecino. Lo que parece insólito es la modalidad de sanción (económica), que puede resultarle adversa a los propios ecuatorianos, en los precios de su canasta familiar. Inclusive se comenta que de pronto, una disposición de este carácter, de pronto arbitrario, puede estar violando acuerdos comerciales y disposiciones colaterales anteriores. Bien se hubiera podido iniciar una reclamación diplomática y un reclamo formal de gobierno a gobierno, por esa inaceptable irresponsabilidad en el manejo del orden público.
Algunos medios de prensa colombiana se comunicaron con la Presidencia del Ecuador y obtuvieron respuestas que reflejan una gran molestia por el supuesto desinterés de Petro en atender el reclamo de su colega ecuatoriano, el cual ha sido reiterado en no pocas ocasiones. Los colombianos, lamentablemente, si entendemos que Petro no tenga deseos de contrariar a los bandidos colombianos, quienes han sido colaboradores de su campaña y a quienes debe tanto, en términos políticos. Y también, de rebote, comprendemos que como Noboa no es izquierdista, al mañoso mandatario colombiano no le genere interés en atender esta lógica molestia del pueblo ecuatoriano.
Todas estas son “pequeñas causas” (o grandes motivos) para entender el desagrado general que un gobierno como el de Petro, comprometido con el desorden, la ilegalidad y la subversión genera, no solo en el interior del país sino también en el vecindario. Y, razón demás para no desear que esta desagradable e incómoda postura se perpetúe otros 4 años, con el candidato Cepeda, que tratarán de imponer. (Ya solo falta –pero no demora- la expresión: “por las buenas o por las malas”…)




