Por: Harold Mosquera Rivas
La semana pasada, ´para atender un asunto laboral, debí viajar de Popayán a Pasto por vía terrestre. Justo el día anterior se había presentado un atentado contra un vehículo policial y la explosión había afectado la vía, a ello se sumó un derrumbe de tierra que motivó el cierre de la vía.
Al final, habiendo salido de Popayán a las 3 de la tarde, llegamos a Pasto a las 4 de la mañana, es decir, 13 horas de un tortuoso viaje, que fue rematado con la cancelación de la diligencia que había motivado el viaje por problemas personales del funcionario del trabajo que debía atender la diligencia.
Al regreso, encontré en el terminal de Pasto a una señora que viajaba con dos niños, uno de meses de nacido y la otra de unos 3 años, viajaba de Pasto hasta Cajamarca, solo tenia para pagar un puesto, pero le exigían comprar dos, porque solo podía cargar a uno de los niños y el otro debería ocupar un puesto adicional.
La señora me pidió que le trajera a uno de sus hijos, para ella poder viajar con el otro, petición que me conmovió, pero en el estado en que me encontraba, por el viaje del día anterior, era imposible cargar un bebé hasta Popayán.
Al final le propuse a la señora pagarle el otro puesto, para que se fuera cómoda y tranquila hasta su destino final. El viaje de regreso fue mucho más tranquilo, pues solo hicimos una parada, que todos los conductores en este trayecto hacen, para que los pasajeros coman algo, en restaurantes ubicados en el camino. En los que, los conductores de los vehículos tienen derecho a comer y beber lo que quieran sin pagar, en compensación por la parada en el respectivo lugar.
Al final son los pasajeros quienes terminan subsidiando a los conductores, pues en cada cuenta de consumo pagan una fracción de la cuenta de los conductores. Como si lo anterior fuera poco, el martes de esta semana, viajando de Popayán a Cali para atender una cita odontológica, nos encontramos con un derrumbe antes de llegar a Piendamó, en el sector de El Túnel. Por dos horas debimos esperar a que despejaran la vía, en medio de la noche, el frío y la lluvia.
A estos accidentes de la naturaleza, se suman, los constantes bloqueos por protestas, campesinas, indígenas, sindicales y de otras organizaciones sociales, que se cansan de reclamar sus derechos, de firmar acuerdos y que ven pasar el tiempo sin que los pactos firmados sean cumplidos, cuando no son los grupos ilegales que decretan paros armados y bloquean la vía con diferentes propósitos.
Este problema recurrente, que afecta nuestras carreteras, forma parte de los temas de debate en la actual campaña presidencial, seguro se van a proponer fórmulas de solución, que, como los acuerdos firmados en años anteriores, no se van a cumplir, mientras tanto, seguiremos padeciendo con el estoicismo de siempre, las contingencias de la Vía Panamericana.



