Por: Harold Mosquera Rivas
El Hospital Universitario San José de Popayán se encuentra en cuidados intensivos, su situación financiera es grave y tiene a empeorar, por cuenta de las fallas propias del modelo derivado de la ley 100 de 1993.
Hay una cartera de las empresas promotoras de salud que está pendiente de pago y por falta de esos recursos, el hospital no tiene con que pagar a los trabajadores y atender a los pacientes.
A Esto se suma el modelo de contratación del personal, que es a través del contrato sindical, bajo el cual se reducen los ingresos de los trabajadores en beneficio del hospital, es decir que, si el personal estuviera vinculado de manera directa con el hospital, la situación financiera sería peor.
Aún recuerdo los años 2004 a 2006, cuando el hospital estuvo al borde de la liquidación, para su salvamento fue necesario tomar medidas de ajuste, entre las que se adoptó el modelo de la contratación sindical, que, con todas sus dificultades, aún está vigente y mantiene con vida al hospital.
Muchos trabajadores, reciben sus pagos como mora, lo cual se traduce en el incumplimiento de sus obligaciones personales y familiares, que deben pagarse con intereses de mora, intereses que el hospital un asume.
Bajo este panorama, son muchos los pacientes que se quedan sin atención y si no cambia la situación, llegaremos al cierre y liquidación del hospital, después de luchar por más de 20 años para mantenerlo a flote. Sin lugar a dudas, para resolver el problema se requiere un cambio en el modelo de salud de nuestro país, en tanto que, el de la ley 100 de 1993 fracasó.
El problema radica en que, hay quienes, por intereses políticos, se oponen a todas las propuestas de reforma a la salud que presenta el gobierno, sin considerar la urgencia de la reforma, dejando incluso a sus electores, bajo el insostenible modelo vigente.
Es necesario que todos entendamos que hay cambio que se requieren, independientemente de quien sea el gobernante, ya en este gobierno no fue posible que se aprobara la reforma a la salud, pero en el próximo, sin consideración a quien resulte electo, todos los colombianos debemos sumarnos al clamor por una reforma a la salud que nos devuelva la tranquilidad de saber que la gente no se va a morir por enfermedades que tienen cura, o que los pacientes ya no tendrán que hacer largas filas por un medicamento, una autorización o un procedimiento como sucede hoy.
A la hora de elegir, debemos escuchar las propuestas de los candidatos en materia de salud, para tener la posibilidad de exigirles, una vez electos, que las cumplan. En el actual gobierno se intentó reformar el sistema, sin embargo, los escándalos de corrupción y la falta de consenso, imposibilitaron el cambio. Esperemos que el San José sobreviva a esta crisis y pueda volver a ser la principal casa de salud de nuestro departamento.




