martes, marzo 17, 2026
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La comida diaria que nos envenena

Por: Felipe Solarte Nates

“El pez muere por la boca”, dice el refrán, refiriéndose al que habla más de la cuenta cuando está metido en negocios turbios o al pez que bamboleando su cola en medio del agua se deja seducir por una rojiza lombriz o por un apetitoso grillo que camufla un puntiagudo anzuelo.

En el caso de los humanos, además de los que mueren por no poder llevarle nada a la boca, ya sea por pobreza extrema o por prolongados bloqueos como los que deben afrontar mujeres y niños de Gaza; muchos consumidores compulsivos por naturaleza, mueren por voracidad insaciable al volverse adictos a la comida y al dulce, mientras otros vinculados a Alcohólicos Anónimos, AA, o Narcóticos Anónimos, NA, siguiendo los 12 pasos, tradiciones y conceptos, luchan, contra la ingesta insaciable de alcohol, basuco, cocaína inhalada, por superar adicciones a otras sustancias sicotrópicas, recetadas o no; y también al consumo compulsivo del cigarrillo, del juego en los casinos, del sexo en los prostíbulos, de las compras en los centros comerciales, etc, etc.

Mientras tanto, niños, jóvenes y adultos cada vez hacen menos deporte y actividades al aire libre, alejándose de la naturaleza y como sardinas en atarraya quedan atrapados en los mundos ajenos y distorsionadores de la realidad que nos encandilan desde las pantallas de los celulares y computadores.

Definitivamente el humano en una sociedad donde el tener y aparentar es lo que vale, es el único animal que acumula y compra más de los que necesita y puede perder la medida natural que al alimentarse en sus hábitats conservan las demás especies. Estas parece que tuvieran en su organismo instalada la alarma sobre la porción correcta de alimentos y la frecuencia con que deben ser consumidos. En sus selvas, montañas, praderas y en los documentales no vemos leones, jirafas, hienas, chimpancés, pájaros, ni búfalos obesos y con una desproporcionada barriga como la que con gran esfuerzo, sudor y maltrato de sus articulaciones deben soportar tantos adictos a la comida chatarra que cada vez abundan más en Norteamérica, México, Colombia y demás países capitalistas dominados por el consumismo desbordado y las dietas sobrecargadas en harinas, papa, yuca, arroz, embutidos y refrescos y mecato cargados de azucares y salsas que metabolizados se convierten en grasa de la mala depositada en llantas que cuando se convierten en de tractor obliga a sacarlos con grúas por las ventanas o rompiendo paredes de las habitaciones.

Diabetes tempranas, enfermedades coronarias y vasculares, problemas musculares, de articulaciones, de movilidad, de poder llevar una vida social y sexual normales, son las consecuencias de la compulsión por la comida, agravándose si está ligada al consumo de fármacos recetados o sustancias sicotrópicas de las que con todos los colores, sabores y efectos abundan en esta época.

Definitivamente estamos en una sociedad dominada por compulsiones convertidas en hábitos que cada vez nos vuelven más sedentarios y obesos de tanto tragar, miopes de clavar los ojos en las pantallas y gaseosos mundos virtuales, mientras para variar nos dedicamos a consumir sustancias que nos transportan en la montaña rusa de las emociones alteradas que nos bambolean del supuestos paraísos a infiernos emocionales de los guayabos, con Mr Trompeta, Satanyahu y Putin de fondo, dirigiendo la orquesta del estruendo de sus bombardeos interpretando el preludio al Apocalipsis Now.

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