Por Juan Carlos López Castrillón
Hace unas semanas tuve la oportunidad de escuchar a Claudia López hablar sobre estrategia para afrontar los desafíos de la política. El ejemplo que eligió fue “la escena de los carros” de la película Gladiator. Sin previo aviso, le dio play a la reproducción en la pantalla de los cinco intensos minutos donde Máximo Décimo Meridio y un puñado de esclavos gladiadores se enfrentan a un rival desconocido que emergía por la boca del túnel del imponente Coliseo romano.
Máximo les dice a sus compañeros de infortunio: “Lo que venga de allá, cualquier cosa, podremos superarlo si trabajamos todos juntos. ¿Entienden? Si estamos juntos, sobreviviremos”.
Y así ocurre. Agrupados, hombro con hombro, resisten el embate inicial, contraatacan y, contra todo pronóstico, derrotan a los temibles carros de guerra de “Escipión el Africano” que irrumpen en la arena.
La analogía es poderosa. Aplica a la vida, a las empresas, a la familia y, por supuesto, a la política. La unidad no garantiza la victoria, pero la división casi siempre asegura la derrota.
También nos ayuda a comprender muchos fracasos colectivos: procesos truncados, causas debilitadas, mayorías dispersas que, al competir entre sí, terminan allanando el camino a sus adversarios. No en vano se atribuye a Julio César la célebre sentencia pronunciada hace más de dos mil años: “divide y reinarás”.
Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. La historia está llena de mayorías que fueron derrotadas no por falta de fuerza, sino por incapacidad de ponerse de acuerdo. En la política colombiana, un ejemplo elocuente es la división liberal en las elecciones presidenciales de 1946 entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Aquella fractura facilitó el triunfo conservador de Mariano Ospina Pérez y abrió un capítulo doloroso que marcaría el destino del país. ¿Qué habría pasado si esos dos líderes hubieran antepuesto la unidad a las diferencias? Tal vez la historia de este país habría sido distinta.
Volviendo a Gladiador y a la reflexión de Claudia López, resuena otra frase de Máximo en aquella escena: “¡Aguanten, aguanten!”.
Esa es, quizá, la lección final: todo tiene su tiempo. No hay que desesperarse. Hay que saber resistir. Pero, sobre todo, hay que entender que sin unidad no hay victoria posible. Y ese es el punto ciego que, en política, el ego y la soberbia a veces impiden ver.
Posdata: increíble lo que hace la revista Semana en su edición de hoy, al presentar que solo existen dos consultas presidenciales e ignorar la de Claudia López y Leonardo Huertas. ¿Miedo a que se acabe la polarización?




