HORACIO DORADO GÓMEZ – horaciodorado@hotmail.com
El vehículo motorizado como nuestra sociedad son protagonistas de este escrito. Así que el ciudadano, que a lo largo de la historia de Popayán había ocupado en toda su extensión las calles, plazas y, el espacio público, compartiéndolo con carruajes de tracción animal, hoy es brutalmente expulsado del centro de la calle, arrinconándolo hacia las estrechas aceras. Las calles están invadidas, colonizadas por vehículos, públicos, privados y oficiales en movimiento o en reposo. La invasión de la ciudad por parte de “automotores” -vehículos- ya no respetan nada ni a nadie. No solo la invaden, sino que se apropian del espacio público, generando una absurda transformación urbana de la ciudad. Ya no es la bella villa de los humanos que caminan. La transmutaron, adaptaron, y la sometieron en su forma y funcionamiento a la irracional jauría de los motorizados en zonas urbanas destinadas a la circulación y almacenamiento de vehículos. Popayán hoy, es un mega-parqueadero, con infranqueables barreras. La ciudad perdió el respeto, los infractores no tienen preocupaciones por las multas; por eso, se estacionan sobre andenes, a ambos lados de las calles o donde les provoque. Popayán, es una ciudad sin Dios ni ley. Aquí todo el mundo hace lo que le dé la gana.
El imperio del automóvil, sobre la ciudadanía abarca prácticamente todos los aspectos de la vida de la ciudad: enjambres de vendedores ambulantes, motos y carros que invaden los andenes y las vías de Popayán. No es un fenómeno nuevo, pero crece. Conductores y semáforos descontrolados, coartan el libre movimiento de los peatones priorizando con un larguísimo ciclo el paso de los vehículos, contra un breve periodo para peatones: personas ancianas, mujeres embarazadas, niños o con problemas de movilidad. Imposible caminar por las invadidas aceras en línea recta, por el trazado más corto y directo. Los caminantes supeditados a cruces y absurdos giros en zigzags para eludir la peligrosa circulación rodante. Son muchos los aspectos de prevalencia del automotor que entorpecen la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie.
Incuestionable, el vehículo privado, (coche, moto), es desde la óptica individual un invento fabuloso, que permite, moverse libremente espacial y temporalmente, transportando familiares, amigos o mercancías puerta a puerta. Es teóricamente rápido y flexible. Sirve para viajes interurbanos medio-largos, es un instrumento de movilidad individual, complementaria del transporte público. Pero, en esta época del mundo en que el hombre viaja a la luna y atraviesa el planeta de punta a punta en pocas horas, la movilidad urbana en Popayán, -sin ser una metrópolis del planeta- es en general un verdadero desastre. El tráfico caótico con interminables colas, la congestión de tráfico es el pan nuestro de cada día.
La deficiente movilidad urbana y sus graves secuelas sobre la vida y salud en la ciudad, son sin equívoco, uno de los principales problemas que preocupan a los ciudadanos y un desafío para la administración municipal. Existe un general consenso respecto a la gravedad de ese problema. Pero, no se vislumbran cambios, sobre este diagnóstico y la manera de encararlo. El caos es cada vez más extendido y generalizado. Son nefastos los resultados, evidenciados en el sinnúmero de accidentes. Hay más contaminación, más ruido, más muertes. Fruto de ello, las infracciones viales que rompen y rasgan, la continuidad de las históricas tramas urbanas de calles y edificaciones de la tradicional ciudad de toda la vida.
Pareciera que las vías no se hubiesen diseñado para seres humanos, sino para automotores, con la ciudadanía relegada a los márgenes. La realidad es que, ante la irrefutable ineficacia y letal crudeza del tráfico urbano, la ciudadanía, prefiere mayoritariamente el modelo basado en el vehículo privado frente al transporte público. Aunque el carro sea una máquina letal. Pues, no existe en el mundo otro instrumento, ni guerras, ni terrorismo, ni grandes catástrofes naturales, con mayor capacidad de exterminio de la especie humana.
De nada valió disminuir el ancho de las calles a favor de carriles para las deterioradas busetas; sin buenas aceras ni carriles bici, creando en corto tiempo un fuerte desencanto. Fácil comprobar las desventajas del proceso: “Movilidad Futura”: con las estaciones para paradas de transporte público, invadidas por la maleza, convertidas en “elefantes blancos”. Sin embargo, la valoración ciudadana, siempre termina ignorada por la pauta publicitaria oficial sustentando: “mucho ruido y pocas nueces”
Pero el caos vehicular no es solo producto del mal parqueo o por falta de cultura ciudadana. Tiene un sentido más costoso y más indignante: los semáforos inteligentes… que son brutos de nacimiento, porque no funcionan. A la ciudad le falta modernización, tecnología de punta, inteligencia artificial para mejorar la movilidad.
Al garete las normas de tránsito en Popayán. No existe evolución ni desarrollo en infraestructura vial ni cambio de coincidencia respecto a la forma de actuar aplicándose, sobre el tema que este artículo pretende profundizar.
Civilidad: Según Margaret Thatcher, el automóvil da estatus social cuando afirma: “Si un hombre después de los 40 años se encuentra en un autobús, puede considerarse a sí mismo como un fracasado”.




