Juan Pablo Matta Casas
Hay momentos en la vida de los pueblos en los que el voto deja de ser un simple acto individual y se convierte en una decisión estratégica colectiva. El Cauca está en uno de esos momentos. No estamos ante una elección más, ni ante una disputa simbólica entre nombres o trayectorias personales. Estamos ante una definición política que tendrá consecuencias reales sobre el equilibrio del poder, sobre la capacidad de representación del departamento y, sobre todo, sobre la posibilidad de que exista una voz firme que defienda los intereses del Cauca en el Congreso de la República.
Durante los últimos años, Colombia ha experimentado un proceso de concentración del poder político en torno a un proyecto ideológico que ha logrado avanzar, no solo por sus propios méritos, sino también por la fragmentación de quienes piensan distinto. La historia reciente demuestra que los proyectos políticos no se consolidan únicamente por la fuerza de sus ideas, sino por la debilidad estratégica de sus opositores. Cuando el voto se dispersa, cuando se diluye en múltiples listas sin capacidad real de alcanzar representación, lo que ocurre no es una expresión de pluralismo eficaz, sino la entrega involuntaria del poder a quienes sí han logrado organizarse con disciplina y visión de largo plazo.
La lista de Cambio Radical a la Cámara de Representantes en el Cauca representa precisamente esa posibilidad real. No es una lista improvisada ni aislada. Es una lista en la que confluyen tradiciones políticas profundas, sectores sociales productivos y liderazgos con arraigo territorial. En ella converge el conservatismo caucano, que durante más de un siglo ha defendido los principios del orden, la institucionalidad y la estabilidad. En ella están también los sectores que construyó Aurelio Iragorri, quien entendió como pocos la importancia de la gestión política eficaz, no como un ejercicio de retórica, sino como un instrumento para obtener resultados concretos para el departamento.
Pero también, y esto es fundamental, en esta lista confluyen sectores afrodescendientes que han decidido apostar por la productividad, por el trabajo y por la construcción de oportunidades reales. Sectores que entienden que el progreso no se decreta, se construye. Sectores que saben que el Cauca necesita más inversión, más empleo, más empresa y más Estado eficaz, no más discursos que terminan profundizando las dificultades estructurales del territorio.
Este no es un momento para el voto emocional desvinculado de la realidad. Tampoco es un momento para el voto testimonial. Es un momento para el voto útil. El voto útil no es una renuncia a las convicciones, es la expresión más madura de ellas. Es entender que la política no es un ejercicio de pureza simbólica, sino una herramienta para producir resultados concretos. Es comprender que votar por listas sin opción real de alcanzar representación puede ser un acto legítimo desde el punto de vista individual, pero termina siendo ineficaz desde el punto de vista colectivo.
Existen otras listas integradas por personas valiosas, decentes y respetables. Nadie puede ni debe desconocer sus calidades personales. Pero la política no se define únicamente por la calidad individual de los candidatos, sino por su viabilidad colectiva. La fragmentación del voto solo beneficia al Pacto Histórico. La dispersión no fortalece la democracia, la debilita.
Por eso, el voto por la lista de Cambio Radical en el Cauca es, ante todo, un acto de responsabilidad histórica. Es una decisión orientada a equilibrar la cancha política. Es la forma de garantizar que el Cauca tenga una representación capaz de confrontar democráticamente las ideas que hoy dominan el escenario nacional. Es la manera de asegurar que exista una voz firme que defienda la seguridad, la productividad, la empresa, el empleo y el orden institucional.
Quienes creemos en la necesidad de recuperar el rumbo del país, en la importancia de fortalecer las instituciones, en la necesidad de defender el trabajo, la empresa y la seguridad, debemos entender que el voto es una herramienta estratégica. No es un ejercicio de romanticismos, ni de gestos simbólicos sin consecuencias reales. Ni mucho menos de quijotadas, es momento de votar con claridad, con responsabilidad y con inteligencia política. Es momento de salvar al Cauca y a Colombia.




