Por: Luna Isabela Ordoñez Tintinago.
El río Cauca, es la arteria fluvial del departamento, su recorrido longitudinal convierte a la gran cantidad de afluentes que posee su cuenca en responsables del desarrollo socio-económico de las comunidades que encuentra a su paso, a pesar de esta gran importancia, la calidad de su agua se ve afectada por aguas residuales no tratadas, químicos agrícolas, deforestación, cultivos ilícitos y residuos mineros.
En el departamento del Cauca no se han establecido objetivos de calidad que protejan su tramo, en el caso de municipios como Almaguer que el año 2022 participó del Foro por el Agua y el Territorio, convocado por comunidades campesinas integrantes del Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), en el cual se manifestó la necesidad de proteger de la explotación minera los territorios o el caso de los municipios de la Vega y la Sierra quienes se enfrentan a la minería empresarial, legal o ilegal que se instaló en sus territorios, que estaría contaminando sus suelo, cambiando el curso del río y afectando a las comunidades que dependen del agua para su consumo y la economía enfocada en la agricultura.
De acuerdo al DANE solo el 44,4% de viviendas cuentan con acceso a alcantarillado, 9 de los 42 municipios superan el 40% de cobertura de alcantarillado, esta situación debe ser de interés, debido a la contaminación que se está generando en las microcuencas o quebradas que abastecen a estos municipios y que a su vez pueden estar contaminando el agua que llega a otros.
Según información del Instituto de hidrología, meteorología y estudios ambientales (IDEAM), la oferta hídrica del país supera en varias veces la oferta hídrica mundial y la latinoamericana. Sin embargo, la mayor proporción de estos recursos no están al alcance de los principales centros urbanos; por lo que una planeación hídrica en nuestro departamento tendría que tener presente una característica como la desigualdad, ya que mientras se lideran planes nacionales, las zonas marginales siguen sin agua potable y una protección ambiental eficiente.
A pesar de estas dificultades, son las mismas comunidades que habitan y viven del río que realizan tareas para su cuidado, exigiendo al estado participar de las decisiones que los pueden estar afectando; con política o sin esta, son estos hombres y mujeres pertenecientes a asociaciones de todo tipo, que deciden enfrentar y resistir en sus territorios contra las actividades que estan secando sus afluentes.
El caso del río Sambingo en el municipio de Mercaderes evidencia las luchas de las comunidades por la restauración de los ecosistemas que sufren y se desangran a causa de las prácticas criminales que amenaza los ríos, la comunidad que años atrás a través de una consulta popular logró frenar la minería, en la actualidad sigue trabajando de manera autónoma, debido a que las autoridades no miden el impacto
que generan la violencia y las políticas de extracción de minerales en los ecosistemas.
El departamento del Cauca no necesita de voluntad en épocas electorales, sin justicia hídrica, seguiremos sumergidos en una crisis que amenaza a nuestros ríos y comunidades, se requiere de mecanismos efectivos de participación comunitaria y planes de gestión integral que combatan las amenazas a la arteria más importante de nuestro departamento.




