Por: Felipe Solarte Nates
Mientras a 7 meses de terminar su mandato el gobierno nacional anuncia reanudación de la fumigación de cultivos de coca, presionado por la descertificación del gobierno norteamericano y sus amenazas de intervención como lo hicieron en Venezuela; la distensión entre los presidentes Trump y Petro, después de la conversación telefónica e invitación a la Casa Blanca para el 3 de febrero, podría interpretarse como un intento de bajarle tono al enfrentamiento verbal, que, durante 2025, protagonizaron a través de las redes y medios de comunicación.

En medio de la cuestionable política imperial frenteada por Trump, quien sin rodeos no ocultó sus ambiciones de retomar “el patio trasero”, el petróleo y demás riquezas; el dialogo fue lo más sensato, antes que la guerra abierta destruyera a Venezuela y Colombia; pero hay expectativas sobre las exigencias que haga el ventajoso y amenazante negociador que ha demostrado ser Trump por el hecho de ser presidente de la potencia mejor armada del planeta y mayor socio comercial de Colombia.
Positivo que hablen los mandatarios pues la situación de Venezuela, post “extracción” de Maduro, pudo complicarse, arrastrando a Colombia a una guerra irregular prolongada, en caso de que se hubiera generalizado una invasión con enfrentamientos armados en las fronteras y la participación de Fuerzas Armadas de ambos países, las milicias bolivarianas, que con 100.000 AK-47, armó Chavez, sumadas a guerrillas colombianas como el ELN, las disidencias de las FARC, con campamentos a lado y lado de la frontera de más de 2.000 Kms. de extensión y el Clan de Golfo y demás bandas de paramilitares reciclados y delincuencia común.
Atendiendo experiencias y recomendaciones de la CIA, aprendidas después de fallidas ocupaciones del Vietnam, Afganistán e Irak, donde los países quedaron destruidos y desmembrados, el presidente Trump inicialmente ignoró entregarle el mando a Edmundo González, carta de la líder opositora Corina Machado, a quien Maduro le robó las elecciones y, decidió continuar gobernando el país con la cúpula encabezada por Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y el general Padrino, para asumir el control del petróleo, de acuerdo a su doctrina “Donroe”, sacar a Rusia, China e Irán de Venezuela, sin darle primacía a futura transición pacífica, iniciada con la liberación de presos políticos.
Por lo pronto, quedaron frustradas aspiraciones de precandidatos y dirigentes de la derecha colombiana, que, sin tener un juicio abierto en los Estados Unidos, le pedían al presidente Trump lanzar un comando para “extraer” al presidente Petro así como hicieron con Maduro.
“La forma en que los futuros candidatos han respondido a estos episodios ha sido reveladora, tanto por lo que dicen y priorizan como por lo que eligen callar. En medio de la polarización interna, marcada por el amor u odio a Petro, a veces se pierde de vista que esto va mucho más allá de él: alguno de estos liderazgos gobernará Colombia en los próximos años y deberá hacerlo frente a una Venezuela en transición incierta y con al menos tres años más de Donald Trump y su equipo en la Casa Blanca, definidos por una política exterior intimidatoria, el uso deliberado del temor como instrumento global y una relación con América Latina marcada por la burla, el desprecio y una lógica de apropiación de la región”, escribió Catalina Gil Pinzón, en El País, de España.
En conversación telefónica con su homólogo norteamericano, el presidente Petro, además de contarle sobre las acciones de su gobierno para incautar cargamentos de cocaína y capturar a los capos y de pedirle colaboración para combatir al ELN y las disidencias de las FARC, con la mayoría de sus altos mandos refugiados en Venezuela, recordó las investigaciones y largos debates desarrollados desde 1998 en el Congreso, denunciando al narco-paramilitarismo que se extendió a gobiernos departamentales, municipales, Concejos, Asambleas departamentales y la Cámara de representantes y Senado, donde según Mancuso, cabecilla de las AUC, a principios del milenio, junto a los parapolíticos eligieron más de 1/3 de los congresistas, que apoyaron la reelección presidencial y proyectos de ley propuestos durante los 2 gobiernos de Álvaro Uribe Vélez.
En realidad, a Estados Unidos y a Trump no les interesa la lucha contra las drogas. Con la caída de las URSS y desaparecida la excusa de pelear contra el comunismo las “luchas contra el terrorismo y las drogas” quedaron como principales pretextos para intervenir en otros países y en realidad obtener beneficios más importantes para su economía, afianzar su dominio como potencia imperial en expansión (Groenlandia, Canadá) y reafirmar su dominio de norte a sur del “patio trasero” que había descuidado por meter las narices en otros continentes.
En Venezuela lo demostraron, al Trump declarar que les interesaba el petróleo y no tanto la “democracia” que él mismo está desmantelando en su país, al concentrar el mando en la presidencia y debilitar a los poderes legislativo y judicial.

Por eso siguió gobernando con la cúpula heredera del chavismo. Sólo bajaron un maduro del racimo. Si fuera por perseguir las drogas no habría indultado al expresidente de Honduras condenado por la corte de Manhattan, y en Colombia hace años habrían condenado a empresarios, congresistas y expresidentes verdaderamente comprometidos con el narcotráfico, minería ilegal, narco-paramilitarismo y parapolítica; pero que al ser funcionales a sus ambiciones imperiales les archivan prontuarios judiciales y solo los desempolvan cuando les conviene, como hicieron en Panamá, con el general Noriega, a quien a pesar de haber sito agente de la CIA, al salírseles del redil lo judicializaron y “extrajeron”, después de invadir el país.
Con respecto a la conversación Trump – Petro, por lo pronto contribuye a contrarrestar los chismes, que, por medio de la ultraderecha republicana, le habían llevado al presidente de los Estados Unidos sus alter egos colombianos instalados en Miami, acusándolo sin pruebas de ser dueño de “las fábricas de cocaína”.
No hay que olvidar que la ultraderecha colombiana, encabezada por los hijos del expresidente Uribe, estaba preparando un entrampamiento al hoy candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, usando testigos falsos y agentes del FBI, para implicarlo en una red de narcotraficantes.
Hace poco, el periodista Daniel Coronell reveló detalles del complot, usando al “narcochofer” Castañeda, como testigo falso, contactado por el aboganster Diego Cadena, quien le ofreció inmunidad y libertad en los Estados Unidos. Gracias a que Castañeda se negó a colaborarles y le advirtió a su abogado Miguel Ángel del Río, se develó la tramoya que fue denunciada ante la Fiscalía colombiana.
La visita presidencial del 3 de febrero, sirve para mermar voltaje a continuos mensajes por X y declaraciones beligerantes características del enfrentamiento contestatario en el que se habían enfrascado los dos mandatarios.
Triunfó la diplomacia y hasta la actitud de Petro, que el martes 13 de enero, muy puntual asistió a la reunión de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, con asistencia de los expresidentes Gaviria, Samper y Santos, consultas telefónicas con Álvaro Uribe e Iván Duque, la presencia de la ministra de Relaciones exteriores, Rosa Villavicencio, además del excanciller Londoño, varios representantes a la Cámara y senadores.
La mayoría estuvieron de acuerdo en llamar a respetar la soberanía de las naciones, sin importar su tamaño, riqueza y poderío militar y la autodeterminación de los pueblos, con la Naciones Unidas, como escenario donde dirimir las diferencias.
Sobre Venezuela, discutieron el papel que puede jugar el gobierno colombiano en su proceso de transición política, económica y democrática que traza el gobierno norteamericano después de la “extracción” de Maduro.
Fue uno de los puntos más álgidos de discusión, antes de abordar lo relacionado con los intereses del país en aspectos como: “el futuro de las relaciones bilaterales entre ambas naciones a partir de tres ejes temáticos: la lucha contra el narcotráfico, la migración de colombianos al país norteamericano y la balanza comercial entre ambas naciones.
Algunas aristas que se tocarán en la conversación serían la certificación en materia de lucha contra las drogas para Colombia en 2026, las economías ilegales transnacionales, el trato del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas estadounidense (ICE, por sus siglas en inglés) hacia los migrantes, las deportaciones masivas, extradición e incluso pinceladas sobre Venezuela”, según informe de El Espectador, sin olvidar la importancia que tiene el tema seguridad y la actitud a tomar contra los diferentes grupos armados ligados al narcotráfico, minería ilegal y otros delitos, tal como lo planteó a su homologo Trump, el presidente Petro, en la charla telefónica previa al encuentro del 3 de febrero.




