En una de las piruetas políticas más asombrosas de la historia reciente de las relaciones interamericanas, el Despacho Oval fue testigo este martes de un encuentro que, apenas hace tres meses, parecía imposible.

La imagen que mejor sintetiza este giro surrealista ocurrió al final de la reunión: Donald Trump, fiel a su estilo, le obsequió a Petro la emblemática gorra roja con el lema MAGA (Make America Great Again). El presidente colombiano, lejos de rechazar el gesto o mostrarse incómodo, sacó un bolígrafo e intervino la prenda frente al magnate, añadiendo una “s” al final para que se leyera: “Make Americas Great Again” (Hagamos a las Américas grandes de nuevo), extendiendo el concepto desde el Norte hasta el Sur.
Un antecedente de fuego y sanciones
Para entender la magnitud de lo ocurrido este martes, es necesario retroceder a octubre de 2025. En aquel entonces, la relación entre Bogotá y Washington tocó un fondo histórico. El Departamento del Tesoro de EE. UU. incluyó a Gustavo Petro, a su esposa, a su hijo y a su Ministro del Interior en la lista de sancionados de la OFAC, acusándolos de vínculos con el narcotráfico internacional. La medida vino acompañada de la revocación de la visa del mandatario colombiano y de declaraciones incendiarias de Trump, quien calificó a Petro como un “hombre enfermo”.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, sellaron una jornada de diálogo que no solo disipó los tambores de guerra, sino que redefinió el tablero geopolítico del hemisferio tras la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Durante semanas, el fantasma de una intervención armada o de un aislamiento similar al de Venezuela sobrevoló el Palacio de Nariño. Sin embargo, exactamente un mes después de que Nicolás Maduro fuera trasladado a Nueva York esposado para enfrentar cargos por narco-terrorismo, el escenario cambió radicalmente. La salida de Maduro del poder en Caracas parece haber sido el catalizador que obligó a ambos mandatarios a reconocer que se necesitan mutuamente.
Las tres claves de una “Victoria Geopolítica”
Según el análisis de expertos y funcionarios presentes en Washington, tres factores permitieron que el ambiente de hostilidad se transformara en una atmósfera “positiva y optimista”:
1. La diplomacia silenciosa y el “Frente Unido”
Mientras los presidentes se atacaban en redes sociales, una maquinaria invisible de funcionarios colombianos trabajó meticulosamente para reparar los puentes. Expresidentes, embajadores, gremios económicos e incluso opositores políticos de Petro en Colombia enviaron un mensaje unificado a Washington: la relación con EE. UU. es la piedra angular del Estado colombiano, por encima de las ideologías de turno. Este esfuerzo convenció a la Casa Blanca de que Colombia, a diferencia de la Venezuela de Maduro, posee instituciones sólidas y una voluntad de estado que trasciende al inquilino de Nariño.
2. El pragmatismo de Trump
Donald Trump ha demostrado ser un líder capaz de cambiar de política en un abrir y cerrar de ojos si los números favorecen sus intereses. Una vez que el “problema Venezuela” tomó un nuevo rumbo con la captura de Maduro, Trump entendió que Colombia es el socio indispensable para la estabilidad regional y el flujo energético. En el Despacho Oval se habló de negocios antes que de bombas: exportaciones de gas natural, apertura de mercados y el papel de Colombia en la reconstrucción económica de una Venezuela post-chavista.
3. La preparación de Petro
Quizás el elemento más sorprendente fue la actitud de Gustavo Petro. El líder colombiano, conocido por su orgullo y combatividad, llegó a Washington con una preparación técnica impecable. Decidió dejar de lado el agravio personal por las sanciones de octubre en favor de un “bien mayor”. Petro entendió que pelear con Trump era un camino al abismo económico, mientras que pactar con él le otorgaba una validación internacional sin precedentes.
“Lo que nos une es la libertad”
En la rueda de prensa posterior al encuentro, un Petro visiblemente satisfecho explicó la naturaleza de su acercamiento con Trump. “Podemos ser muy diferentes civilizatoriamente hablando, pero lo que nos une es la libertad. Se puede hacer un pacto entre contradictores que encuentran caminos conjuntos”, afirmó el mandatario.
El tema central de la conversación fue la reactivación de Venezuela. Petro sugirió que Colombia puede ser el motor de esa recuperación, siempre y cuando Estados Unidos proceda a levantar las sanciones que pesan sobre el país vecino. “No se trata de condolernos por lo que sucedió en Venezuela, sino de ver cómo podría ser su reactivación con ayuda de Colombia”, señaló.
Al ser consultado por la prensa sobre si aprovechó la reunión para pedir que le retiren las sanciones personales impuestas por la OFAC en octubre, Petro respondió con aparente desdén: “El tema no nos interesa a nosotros. Lo que nos interesa es que, mientras sea presidente, podamos dejar un camino mejor al que venía recorriendo Colombia”. A pesar de esta declaración, es un secreto a voces en Washington que el tono amistoso de Trump es el preludio de una revisión de dichas sanciones.
La respuesta de la Casa Blanca: “Me cayó fantástico”

Por su parte, Donald Trump no escatimó en elogios tras la reunión. Al firmar el proyecto de ley de financiación para reabrir el Gobierno, el presidente estadounidense aseguró que se llevó “muy bien” con Petro. “Él y yo no éramos exactamente los mejores amigos, pero me pareció fantástico. Trabajamos en temas de drogas y sanciones”, declaró Trump ante los periodistas.
Sobre la lucha contra los grupos guerrilleros y organizaciones que aún operan en la frontera con Venezuela, Trump fue contundente: “Ellos (Colombia) quieren que colaboremos, y lo haremos”. Este compromiso marca el regreso de una cooperación militar y de inteligencia estrecha, algo que se consideraba perdido tras los choques de 2025.
“Un pacto no es entre hermanos gemelos, es entre contradictores”, resumió Petro, encapsulando la nueva era de las relaciones Bogotá-Washington.
Conclusión: Un nuevo orden regional
El encuentro de este martes deja un saldo positivo para ambos. Trump asegura un aliado estratégico en el corazón de Sudamérica y un socio clave para sus planes energéticos y migratorios. Petro, por su parte, logra sacudirse el estigma de “paria” internacional, posicionándose como el mediador natural en la transición venezolana y asegurando la estabilidad económica de su país a pesar de las diferencias ideológicas.
La gorra intervenida con el bolígrafo de Petro —el “Make Americas Great Again”— queda como el símbolo de un nuevo pragmatismo donde la ideología se rinde ante la necesidad de supervivencia política y económica. Aunque los puntos de choque persisten, especialmente en la política antidrogas, el aire en Washington es, por primera vez en mucho tiempo, de optimismo.




