InicioINTERNACIONALWokismo: la nueva amenaza inventada

Wokismo: la nueva amenaza inventada

Alrededor del globo, el discurso antiwoke se ha convertido en uno de los vehículos centrales de la extrema derecha para moldear y normalizar valores, ideas y políticas de carácter autoritario y fascista que en un pasado no tan lejano se habrían considerado reprochables en cualquier Estado social y democrático de derecho.

Arlene B. Tickner

Al igual que otros conceptos, tales como género, diversidad, identidad, autonomía corporal, derechos humanos, migración y cambio climático, el wokismo se ha tergiversado, resignificado e instrumentalizado con miras a crear un marco narrativo general desde el cual manufacturar inseguridad y pánico moral, así como estigmatizar y satanizar a quienes critican formas distintas de discriminación, desigualdad y violencia basadas en el sexismo y el patriarcado, el racismo, la xenofobia, la homofobia y transfobia, y el consumismo neoliberal.

Libro Wokismo De Modesto Montero - Buscalibre Colombia

Para la muestra, en Colombia el presidente Abelardo de la Espriella lo describió hace poco como “uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional y a la sociedad colombiana”, al tiempo que ha sido invocado de manera explícita o implícita para justificar múltiples posiciones retrógradas evidenciadas en el retiro de obras de arte del Museo Nacional, la solicitud de derogar la Política Nacional de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, el reingreso a la alianza antiaborto y antiderechos, Consenso de Ginebra, el desconocimiento de lenguaje acordado y defendido hasta ahora por el Estado colombiano en Naciones Unidas, la eliminación de la palabra “niña” de las comunicaciones oficiales del ICBF, y la criminalización de la oposición y la protesta social en el proyecto de Estatuto Antiterrorista.

Por más que lo woke ha llegado a connotar en la actualidad todo lo contrario de lo que significa —o tal vez, justo por ello— recordar su genealogía se torna esencial. Más que un ejercicio semántico, se trata de desglosar un pedazo crucial del libreto que está alimentando las estrategias antidemocráticas mundialmente con miras a contrarrestar a estas con mayor efectividad. En términos simples, woke plantea la necesidad de que las personas “se despierten”. Si bien sus orígenes se remontan al pensamiento afroamericano y la denuncia de la injusticia racial durante la era segregacionista en los Estados Unidos, adquirió visibilidad internacional hace un poco más de una década en el marco de la creación del movimiento Black Lives Matter y las protestas masivas contra la brutalidad policial racializada en ese país.

Es interesante observar que la concientización planteada por el wokismo original también guarda parentesco estrecho con la teología de la liberación, la opción preferencial por los pobres, las propuestas pedagógicas y metodológicas desarrolladas por autores como Paulo Freire y Orlando Fals Borda, y los planteamientos de Franz Fanon sobre la descolonización de la mente, en el contexto latinoamericano y caribeño. En todos ellos, la adquisición de conciencia crítica sobre las realidades vividas se entiende como paso indispensable para dignificar y empoderar a las personas en situación de vulnerabilidad, así como para efectuar el cambio social y político.

En un mundo en policrisis, en el que los sistemas ambientales, económicos e institucionales existentes están colapsando, la concentración de la riqueza aumenta y, por primera vez en 15 años, la pobreza global multidimensional también crece, no sorprende que la extrema derecha autoritaria —que agrupa nacionalistas, iglesias fundamentalistas y nuevos oligarcas billonarios— quiera sembrar divisiones y nuevos miedos con miras a reprimir los despertares colectivos , o —como lo plantean Naomi Klein y Astra Taylor en su reciente libro, Facismo del fin de los tiempos— busque simplemente acelerar el proceso de deterioro y extinción. Sin embargo, lo que sí desconcierta, y mucho, es el silencio cómplice de tantos que dicen defender la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

Más allá de comprender y desenmascarar el discurso antiwoke y su instrumentalización negativa de un espectro amplio de conceptos, prácticas y actores, urge diseñar narrativas que unan en lugar de dividir y que proponen alternativas. Esto podrá significar, entre otros, revisitar enseñanzas centrales de la fe “universal”, como tratar al prójimo del mismo modo en que uno quisiera ser tratado o actuar con justicia, amar la misericordia y caminar humildemente, aceptar a partir de ellas que nuestro presente está roto y comprometernos a imaginar y construir otros futuros posibles.

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