Transcurrido apenas el primer cuarto del siglo XXI, la historia contemporánea registra un nombre recurrente en los informes de violaciones sistemáticas a los derechos humanos: Irán.

La República Islámica enfrenta hoy una crisis humanitaria sin parangón, marcada por una nueva ola de protestas nacionales que comenzó el pasado 28 de diciembre de 2025. Lo que inició como una expresión de hartazgo ante aumentos de precios sin precedentes e inflación desenfrenada, ha derivado en lo que expertos califican como una “represión total”.
Un patrón histórico de violencia estatal
La brutalidad actual no es un evento aislado, sino la continuación de una política de estado que mostró su cara más feroz en noviembre de 2018. En aquel entonces, las manifestaciones contra el racionamiento de combustible se extendieron por 29 de las 31 provincias del país.
La respuesta del Gobierno, liderada por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y las milicias Basij, fue devastadora. En ciudades como Mahshahr, los manifestantes fueron reprimidos con armas semipesadas. Fuentes cercanas al círculo de poder revelaron en su momento que el líder supremo, Alí Jamenei, ordenó hacer “lo que fuera necesario” para detener las protestas. El resultado fue escalofriante: 1.500 muertos en menos de dos semanas, incluyendo 17 adolescentes y 400 mujeres.
2026: Una masacre bajo el apagón digital
La crisis actual, que hoy cumple 26 días, ha superado con creces los niveles de violencia de años anteriores. Desde el 8 de enero de 2026, las autoridades interrumpieron casi por completo el acceso a internet, sumiendo al país en el apagón digital más amplio registrado en su historia. Esta medida ha dificultado la salida de información, pero no ha logrado ocultar la magnitud de la tragedia.
Bajo el criterio del asesinato de civiles durante protestas internas, el Gobierno iraní se ha consolidado como uno de los regímenes con el historial de represión más sangriento del mundo, alcanzando en las últimas semanas cifras de mortalidad que desafían cualquier precedente moderno.
Cifras en conflicto y el horror en las cifras
Diferentes organismos internacionales y medios de comunicación intentan reconstruir la cifra real de víctimas en medio del caos:
HRANA (Human Rights Activists News Agency): Cifra el número de muertos en al menos 5.002 personas. De estas, 4.716 eran manifestantes, 43 eran niños y 40 eran civiles ajenos a las protestas.
The Sunday Times: Tras entrevistar a médicos y testigos, el periódico británico eleva la cifra a más de 16.500 manifestantes asesinados, destacando que la mayoría de las víctimas son menores de 30 años.
Fuentes Gubernamentales: Incluso desde el interior del régimen, un funcionario citado por Reuters admitió al menos 5.000 fallecidos, confirmando que los combates más encarnizados se libran en las zonas kurdas del noroeste.
Detenciones masivas y crisis geopolítica
La represión no se limita al uso de fuerza letal en las calles. HRANA ha reportado que más de 26.800 personas han sido detenidas en una campaña de arrestos que se ha extendido por todo el territorio nacional. Los centros de detención se encuentran en estado de hacinamiento, y las organizaciones de derechos humanos advierten sobre el riesgo inminente de ejecuciones sumarias y torturas.
Esta crisis interna se desarrolla en un contexto de altísima tensión internacional. El deterioro de las relaciones entre Teherán y Washington ha llegado a un punto crítico con el despliegue de un grupo de portaaviones estadounidenses en la región. Mientras el mundo observa el movimiento militar en el Golfo, la población civil iraní enfrenta una lucha desigual contra un aparato de seguridad que ha demostrado no tener límites.

La juventud en la mira
Uno de los datos más dolorosos de la actual represión es el ensañamiento contra la población joven. Según los testimonios médicos recogidos por la prensa internacional, el uso de munición real se dirige sistemáticamente a zonas vitales de los manifestantes, muchos de los cuales ni siquiera han alcanzado la mayoría de edad. La pérdida de una generación de jóvenes menores de 30 años representa una herida abierta que definirá el futuro de Irán por las próximas décadas.
El silencio impuesto
A pesar del esfuerzo del Gobierno por silenciar las voces mediante el corte de internet y la violencia de las milicias, las protestas persisten. El historial de Irán en este primer cuarto del siglo XXI lo sitúa en un lugar sombrío de la historia universal: un estado que, para preservar su estructura de poder, ha convertido sus propias ciudades en campos de batalla contra su ciudadanía.
La comunidad internacional se enfrenta ahora al reto de cómo actuar frente a una cifra de víctimas que aumenta cada hora, mientras los canales de comunicación oficiales siguen cerrados y el estruendo de la represión se escucha en cada provincia iraní.





