Sunday, March 30, 2025
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No me llamo negrita

Esta semana fue presentado el libro “No me llamo Negrita” de la escritora tumaqueña Ginna Litceth Ramos Castillo, con motivo de la celebración del Dia Internacional de la no discriminación racial.

Por: Antonio María Alarcón Reyna

Fotos: Antonio María Alarcón Reyna

José Antonio Caicedo y Ginna Ramos

Familia

Nací un 22 de marzo y soy orgullosamente tumaqueña. Mis padres son Olmi Enrique Ramos Palacio y mi madre Nidia Teresa Castillo, tumaqueños también. Mis hermanos producto del matrimonio de mis padres son Vannesa y Junior, tengo una hermosa sobrina y ahijada que se llama Sarita y es la luz de todos los ojos de la familia y este libro está dedicado a la memoria de mi abuela materna Emérita, orgullo de la familia que para dolor de todos, partió a la eternidad hace un par de meses.

Estudios

Soy Abogada egresada de la Universidad Cooperativa de Colombia, Conciliadora en Derecho avalada por la Cámara de Comercio del Cauca y Especialista en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad del Cauca, actualmente soy Docente Catedrática de la Universidad del Cauca, en donde dicto la FISH “Cátedra de Estudios Afrocolombianos”. Trabajo también como Coordinadora del Centro de Conciliación de Unicomfacauca, donde además dicto una materia en el programa de Derecho.

Estoy Certificada por la Universidad de Harvard, en Estudios Afrolatinoamericanos y tengo una Especialización en Escrituras Creativas con enfoque Afrodiaspórico, de la Universidad ICESI. Soy Magister en Derechos Humanos y Cultura de Paz, de la Pontificia Universidad Javeriana Cali.

Activismo

Ejerzo mi activismo como promotora del empoderamiento afrofemenino y actualmente mi principal propósito es liderar acciones y estrategias que aporten al desarrollo colectivo de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras desde el enfoque diferencial de género, inclusión, sostenibilidad e innovación. Trabajo en procesos con enfoque socio comunitario, de inclusión para la paz y por el desarrollo de las comunidades étnicas del país por medio de la salvaguarda del patrimonio, diversidad cultural, y la etnoeducación.

Soy directora del Proyecto Zona Afro, un sitio virtual donde publicamos en redes la revista Zona Afro, enfocada en la comunidad afrodescendiente, que nació ante la necesidad de una tribuna para proporcionar espacios de conocimiento sobre la cultura afro del país, y así tomar acciones desarrolladas con la convicción de que sí es posible una sociedad incluyente basada en el respeto a los derechos de nuestra población.

En Zona Afro hablamos de nuestra música, valores étnicos, personajes, gastronomía, niñez, juventud, poesía, moda y todo aquello que nos identifica como etnia. Nuestras diversas secciones brindarán variedad de información que permitirá a los lectores tener una idea clara de nuestra cultura.

Trabajo con talleres para niños que incluyen títeres y material pedagógico para fortalecer la autoestima y el autorreconocimiento de la diversidad étnica en nuestros territorios. Manejo un proyecto llamado “Cuéntamelo con cuentos” y he publicado tres cuentos afroinfantiles: “Sarita, viviendo al pelo”, “Ñañito, mitos y leyendas del Pacífico” y “Fercho, Marimba y Sazón”. Acabo de presentar oficialmente el libro “No me llamo Negrita”, cuyo contenido se basa en las diversas columnas de opinión con énfasis afro, que publico en varios medios de comunicación nacionales y regionales, entre ellos El Liberal de Popayán.

Desafiando el silencio

Prólogo del libro escrito por Shirley Campbell Barr.

Mi hija menor se llama Illari y no le gusta cuando la señora de al lado, le llama “negrita”. Ella entiende que es por cariño, que le tiene gran aprecio, pero Illari prefiere ser llamada por su nombre y no por sus características físicas o de “cariño”

Cuando yo estaba en la secundaria, en una ocasión, que decidí no recordar, mi mejor amiga me dijo “la verdad es que usted es bien bonita”, y haciendo una brevísima pausa aclaró, “claro, para ser negra”

Una gran amiga, decidió terminar su relación, apenas en ciernes, con un tipo muy bien parecido e interesante. En la segunda cita, éste le confesó, ya entrando en confianza y entre bromas: “siempre he querido estar con una mujer negra”.

Shirley Campbell Barr y Ginna Ramos / Foto cortesía

Tiffany se quedó un poco atrás, acomodándose su zapato de tacón, que, para esa hora, ya estaba incomodando. Su pareja, un hombre NO negro, no se percató, y se adelantó algunos metros. Regresaban a su hotel, tarde en la noche, luego de celebrar el cumpleaños de Tiffany. Habían viajado hasta ese país por esa razón y estaban disfrutando muchísimo. Esa noche, Tiffany se había arreglado de manera espectacular y se veía hermosa. Su compañero ingresó al lobby del hotel sin novedad, y ella, que venía sólo unos metros atrás, fue detenida de manera abrupta por el guarda de seguridad, con las palabras de “aquí eso no se permite”. Sintiendo una mezcla entre vergüenza, humillación y tristeza, ella alcanzó a llamar a su compañero que se alejaba y con el personal de seguridad del hotel, lograron minutos más tarde, aclarar “la confusión”.

Esa misma noche, yo recibí la llamada de mi hija que lloraba, mientras me contaba su primera experiencia al haber sido considerada prostituta en un país extraño.

Antes, en algún momento de nuestras vidas, ya le había anunciado que esto muy probablemente, sucedería. Las mujeres negras en América Latina conocemos bien la experiencia de ser tomadas por trabajadoras sexuales, sólo por el hecho de ser negras (con las implicaciones históricas que eso tiene)

Igual, habérselo dicho y sobre todo, tenerlo claro, no evitó que el dolor y la rabia me atravesaran el pecho como un puñal de impotencia, ante lo cual, no pude más que intentar consolarla, darle fuerzas y llorar con ella.

En Panamá, cada tercer lunes del mes de mayo se celebra “El Día de las Trenzas. Esta conmemoración se da en el marco de las actividades del Mes de los y las Afropanameñas. Con este evento, se intenta recuperar una maravillosa tradición milenaria entre mujeres y niñas. La celebración es, además, una lucha ganada del movimiento afro panameño y forma parte de las batallas que se libran, para acabar con la discriminación ejercida en contra del cabello natural afro, en centros educativos, lugares de trabajo, en general, en la sociedad panameña.

Como las anteriores, podríamos llenar volúmenes con las experiencias e historias de las mujeres afrodescendientes, niñas negras, y en general personas afros, en sus interacciones sociales en la región. El anecdotario de racismo y discriminación alcanza para seminarios, conversaciones de días enteros, espacios de discusión y reflexión, todo proporcionado por el racismo sistémico y estructural que enfrentamos a diario.

Por otro lado, el anecdotario también ofrece cientos y cientos de historias de música, tradiciones, memorias, historias que se cuentan por generaciones, religiosidades, cuentos y canciones, luchas, y sobre todo, celebraciones por la maravillosa experiencia de ser parte de esta historia y de nuestra afrodescendencia.

Entrar en el libro de Ginna Litceth Ramos Castillo es emprender un maravilloso viaje de historias e imágenes. Cada texto permite ir encontrando vivencias y diversos análisis con los que fácilmente me he sentido identificada, La lectura permite, además, recorrer escenas y espacios urbanos y rurales ocupados por personas afros, reconocer situaciones y personajes, e ir hallando, que en varias de estas historias están también las mías y las de mis pueblos, definidas todas por un hilo conductor: nuestra experiencia de la negritud.

Conocí los escritos de Ginna a través de “Sarita, viviendo al pelo” y “Nañito, mitos y leyendas del Pacífico”, en la Feria del Libro de Popayán, amorosamente denominada “Popayán, Ciudad Libro”. La encontré en un pequeño espacio de la feria, ofreciendo sus historias infantiles, que contienen ilustraciones maravillosas. Debo confesar que, al leerlas, me sentí niña de nuevo y deseé haber tenido estos libros en mis manos, a los seis o siete años de edad. El mundo literario en nuestra región registra una carencia de literatura dirigida a la niñez afrodescendiente, en la que niños y niñas puedan identificarse y verse reflejados en imágenes e historias.

Con Sarita y Ñañito, Ginna se aventura en este mundo de la literatura infantil como un recurso esencial para el desarrollo emocional y la identidad de la niñez. Esto resulta en un aporte crucial, porque no sólo se fomenta y contribuye a la creación y difusión de literatura infantil afrodescendiente, sino que también beneficia la identidad de niños y niñas, enriqueciendo el acervo y el panorama literario en su totalidad. Una labor que Ginna entiende como una tarea fundamental.

Con “No me llamo Negrita”, Ginna está aportando a la historia. La historia también se escribe a través de eventos y episodios, narraciones, denuncias y análisis críticos que retratan nuestra realidad, al mismo tiempo que desenmascaran la sociedad en la que vivimos. De esta forma, este libro se constituye en un aporte fundamental para contar nuestra historia. Porque nuestra historia se reescribe a partir de relatar eventos cotidianos, de recapitular y releer nuestras realidades desde mismas, y de celebrar tradiciones, personajes y pueblos.

Contar nuestras experiencias de manera crítica, es reescribirnos y reinscribirnos en la historia, y es, además, esencial para la construcción de una narrativa más auténtica e inclusiva. Cuando contamos nuestra propia historia, no solo reivindicamos nuestras voces, sino que, como señala Audre Lorde en sus escritos, desafiarnos las versiones hegemónicas que a menudo distorsionan o ignoran nuestras experiencias. Escribir desde la experiencia permite una mayor comprensión de la diversidad y fortalece la identidad cultural, al tiempo que empodera a las comunidades para recuperar su voz. Así, al contar su propia historia, cada individuo o individua, no sólo refleja su realidad, sino que también contribuye a sociedades más inclusivas y representativas.

El viaje por el que Ginna nos conduce a través de la lectura de su libro, es parte de encontrar esas “Rutas de Libertad”, como titula uno de sus textos, que nos lleven a conocernos y reconocernos. Ginna crea mapas y señales, ya no necesariamente plasmadas en peinados, que asemejan caminos, mapas y señales que nos encaminan hacia la conciencia y a la reivindicación de nosotras mismas.

Cada uno de los textos que nos presenta el libro, es una lectura de una o varias realidades. Bien puede ser una lección de vida, una canción cotidiana, una denuncia expresa o una celebración de quiénes somos. Son, además, páginas llenas de sonrisas, de música, de espiritualidad, de rostros honestos y pletóricos de historia, Son turbantes, arrullos, mujeres que inspiran, cabellos que brillan; en fin, Ginna nos regala un libro lleno de pasado que se conecta con el presente, con textos certeros e imágenes maravillosas. Así se aporta y se construye la historia. Escribir, dejar constancia… contarnos… esa es la tarea. Ginna nos entrega su aporte con “No me llamo Negrita”.

Los textos que aquí encontramos se erigen una vez más como un medio de expresión y resistencia. Narramos a través de la literatura nuestras realidades; nuestros pueblos se reescriben al mismo tiempo que vamos curando las heridas del pasado y reivindicando nuestra identidad. Al escribir, aportamos, transformamos y desafiamos el silencio, como también refiere Audre Lorde. Lorde sostiene, que al contar nuestras verdades podemos desafiar el silencio que a menudo rodea el sufrimiento y, así, contribuimos a un cambio social más amplio. Con nuestra producción, la sanación se convierte, entonces, en un acto tanto personal, como colectivo.

Me leo, les leo y nos leemos cuando, a lo largo de esta América Latina, que también es nuestra América Latina, contamos nuestras historias. Establecemos vínculos con historias similares, que al final resultan ser nuestra propia historia y es común. Es una senda que ha estado marca por nuestras luchas contra la opresión, la discriminación y la búsqueda reconocimiento. La palabra escrita, entonces, es una poderosa herramienta para construir un futuro más justo.

Al plasmar nuestras vivencias, tradiciones, luchas y nuestra voluntad por cambiar el mundo, no sólo se preserva y enaltece un legado maravilloso, sino que también se inspira a otras personas a construir a través de la palabra y a luchar por derechos y dignidad.

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