Hay ciudades que saben guardar sus fuegos. Popayán, la ciudad blanca del suroccidente colombiano, es una de ellas.

Por: Diego Román Konrad
Entre sus templos olvidados y los vientos cansados de sus montañas, crece desde hace un tiempo algo que no figura en los itinerarios oficiales de la cultura: el Club de Lectura RIZOMA, un espacio que se ha ido consolidando —silenciosamente, como crecen las raíces— como uno de los referentes más vivos de la poesía, filosofía y literatura en el sur de Colombia.
Y ese fuego está a punto de hacerse más grande.
El próximo jueves 19 de marzo a las 4:00 de la tarde, en el Auditorio de Humanidades (Sede Alterna) de la Universidad del Cauca. RIZOMA abrirá sus puertas a una voz que viene desde el otro extremo del continente. Desde la ciudad de Córdoba, en Argentina, llegará Claudia Masin escritora y psicoanalista que ha convertido la palabra en un acto de resistencia, de sanación y de desobediencia. Una poeta que, como escribió ella misma, cree que la poesía no está hecha para adaptarse al mundo tal como es, sino para hacerlo explotar.
— ¿Quién es Claudia Masin? —

Nació el 13 de mayo de 1972 en Resistencia, en el norte argentino, una región donde el calor parece quedarse suspendido en el aire y los ríos avanzan con una lentitud casi hipnótica. Aquella geografía —la tierra roja, la siesta interminable, los silencios de la infancia— se convertiría con los años en una de las materias secretas de su poesía.
A los 18 años abandonó su ciudad natal y partió sola hacia Buenos Aires, una metrópoli que entonces le resultaba inmensa y extraña. Durante más de tres décadas vivió allí, trabajando, escribiendo, coordinando talleres literarios y explorando, desde la práctica del psicoanálisis, los territorios más complejos de la experiencia humana.
Su trayectoria académica la llevó a desempeñarse como docente en la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes, donde dictó la cátedra de Poesía I, formando a nuevas generaciones de escritores.
Pero su verdadera universidad ha sido siempre la escritura.
Libro tras libro, Claudia Masin fue construyendo una obra que hoy supera la docena de títulos: Bizarría (1997), Geología (2001), La vista (2002), Abrigo (2004), La plenitud, El verano, La cura, La siesta, Lo intacto (2017) y El cuerpo, entre otros. En 2018, una amplia parte de su obra fue reunida bajo un título que resume con claridad su apuesta poética: La desobediencia.
Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, portugués, italiano y sueco, y han circulado por editoriales y festivales literarios de España, México, Brasil, Chile, Estados Unidos, Colombia y Uruguay.
Los reconocimientos internacionales también han acompañado su trayectoria. En 2002 obtuvo el prestigioso Premio Casa de América de Poesía Americana por su libro La vista; posteriormente recibiría distinciones del Fondo Nacional de las Artes de Argentina y, en 2019, el Premio World Without Borders por su poema Tomboy, traducido al inglés por Robin Myers.
— El recital: voces que tejen comunidad —
El evento se denominará Recital Poético Divergente y estará moderado por el poeta y filósofo colombiano Javier Orlando Muñoz Bastidas, voz fundamental del pensamiento poético del suroccidente colombiano, cuya trayectoria cruza la filosofía y la creación literaria con naturalidad y rigor. El gran poeta colombiano Felipe García Quintero presentará la obra poética de CLAUDIA MASIN.
La participación de Diana Villamarín será central en este encuentro. Escritora consolidada, docente de literatura y directora del Club de Lectura Entre Líneas, Villamarín ha construido durante años un trabajo sostenido con lectores de todas las edades, convencida de que la literatura no es un privilegio sino un derecho, una libertad que se danza.
También estará presente María José Itaz, directora del Club de Lectura Disidente. Licenciada en Educación con énfasis en Lengua Castellana e Inglés, docente de inglés y español, Camp Counselor en la Farm & Wilderness Foundation (2018), Itaz es además activista comprometida con los derechos humanos de las personas con identidades de género y sexualidades diversas, con especial atención a las personas trans. Su presencia en este recital no es casual: la poesía divergente necesita voces que encarnen la disidencia como forma de vida.

El respaldo institucional llega de la mano del maestro Nelson González, director de la Biblioteca Pública Departamental Rafael Maya de Comfacauca, doctor en bibliotecología, quien ha entendido que las bibliotecas no son solo depósitos de libros sino espacios vivos donde la cultura se reinventa.
— La ciudad que lee: la poesía como fuego compartido—
Y entonces, cuando la tarde caiga lentamente sobre los tejados tristes de Popayán, la poesía volverá a hacer lo que ha hecho desde siempre: reunir a los desconocidos alrededor de una misma respiración.
En el Auditorio de Humanidades (Sede Alterna) de la Universidad del Cauca, las palabras de Claudia Masin cruzarán el continente para encontrarse con los lectores de esta ciudad que todavía cree en el poder de la música de las palabras.
Porque la poesía —lo han recordado pensadores de nuestra tradición como Octavio Paz, Ángel Rama y Noé Jitrik— no es un adorno de la cultura, sino una forma de mirar el mundo con más profundidad, una manera de comprender lo que duele y lo que permanece.
Tal vez por eso los versos de Claudia Masin llegan como una respiración honda, como una revelación íntima que atraviesa la experiencia humana. En su poesía, la vida aparece como una imagen que se transforma lentamente con el tiempo; crecer es también aprender a mirar esa transformación, aceptar que la claridad de la infancia se vuelve con los años una memoria frágil pero luminosa.
Pero este recital no es solamente la visita de una poeta internacional. Es también la celebración de una ciudad que ha comenzado a reencontrarse con la lectura como una forma de comunidad diversa, de colores y sabores.
En los últimos años, algunos clubes de lectura han florecido en la ciudad como pequeños faros culturales: espacios donde estudiantes, docentes, lectores se reúnen para conversar sobre literatura, filosofía y poesía. Lugares donde la palabra deja de ser solitaria y vuelve a convertirse en un acto compartido.
Por eso, el RECITAL POÉTICO DIVERGENTE es una invitación abierta a todos los ciudadanos: a los curiosos, a los amantes de los libros, a quienes todavía no saben que la poesía también puede pertenecerles.
Y así, mientras la tarde se vuelve noche sobre las montañas vibrantes, la poesía volverá a hacer su trabajo invisible: encender pequeñas hogueras en la memoria de quienes escuchen.
Tal vez entonces alguien recuerde que las ciudades no se sostienen solamente con calles o edificios. Se sostienen también con poesía, cantos, danzas, teatro, tejidos, meditaciones, con raíces que crecen bajo la tierra, silenciosas y persistentes, como las del Club de Lectura RIZOMA, que sigue extendiéndose en la ciudad blanca como una promesa, un sueño: la de que la cultura, cuando nace del encuentro entre las personas, siempre va descubriendo la manera de seguir creciendo.
Tal vez por eso la voz de Claudia Masin resuena con tanta claridad en este tiempo. En uno de sus poemas recuerda que “la vida es una imagen que va desdibujándose, perdiendo los contornos día a día”. Y acaso sea la poesía —y espacios como RIZOMA— lo que nos permite volver a mirar esa imagen con mayor hondura.
Así, mientras la ciudad continúa su curso cotidiano, algo seguirá creciendo en silencio: una comunidad de lectores que entiende que cada libro abierto es también una forma de volver a mirar el mundo.



