Por: Alejandro Zúñiga Bolívar, El Liberal
A muchos les ha sorprendido que el Banco de la República decidiera no bajar las tasas de interés, justo cuando parece que hay una mejoría en el empleo. Algunos pensarían que, si más gente está consiguiendo trabajo, lo natural sería ayudar a que la economía crezca más, bajando las tasas para que los créditos sean más baratos. Pero la respuesta es más complicada, y tiene que ver con algo que no se ve tan fácil: las cuentas del Estado.
Aunque el desempleo bajó un poco, el país tiene otro problema que genera mucha preocupación: el manejo de la plata del gobierno. Los expertos han dicho que el presupuesto de este año está “inflado”, es decir, que el gobierno prometió gastar mucho más de lo que probablemente va a recibir. Eso es como si una familia planeara gastar el doble de lo que gana, confiando en que, de alguna manera, el dinero va a aparecer. Y eso no es buena idea, ni en casa ni en el país.
Cuando el gobierno promete gastar más de lo que puede, la confianza se pierde. A los inversionistas les da miedo prestar dinero a un país que puede no tener cómo pagar, y eso hace que todo se encarezca: desde los intereses de los créditos hasta el costo de traer productos del exterior. Además, cuando hay mucha incertidumbre, los precios suben, y la inflación golpea especialmente a los que menos tienen.
Por eso, aunque es cierto que las tasas altas dificultan conseguir préstamos o pagar las cuotas de la casa o el carro, el Banco de la República tiene que pensar en el panorama completo. Si bajan las tasas muy rápido y el gobierno sigue gastando como si todo estuviera bien, podríamos terminar con precios disparados y una economía fuera de control.
Las tasas de interés, entonces, son una especie de freno. No son castigos ni caprichos: son una forma de evitar que la economía se nos desbarajuste. El mensaje es claro: antes de poder ayudar más con tasas más bajas, el país necesita ordenar bien sus cuentas, que el presupuesto sea realista, y que haya confianza de que el gobierno no está prometiendo más de lo que puede cumplir.
En resumen, la decisión de no bajar las tasas no va en contra de la gente. Va en favor de cuidar el bolsillo de todos, sobre todo en un momento en que el país necesita recuperar la confianza y tener una base firme para crecer sin sobresaltos.