En lo que muchos analistas vaticinaban como un choque de trenes ideológico y un desastre diplomático anunciado, la Casa Blanca fue testigo este martes de un giro de guion histórico.

“Del 1 al 10, para mis expectativas, la reunión fue un 9”, confesó un Petro visiblemente satisfecho en su primera entrevista tras el encuentro. La cifra resume el alivio de una delegación colombiana que llegó a la capital estadounidense bajo la sombra de sanciones, la retirada de la visa al mandatario y la inclusión de su nombre en la Lista Clinton por parte del republicano.
Un protocolo austero para una charla extensa
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el mandatario estadounidense, Donald Trump, concluyeron una reunión de más de dos horas que no solo desafió las bajas expectativas, sino que redefinió —al menos momentáneamente— la relación entre Bogotá y Washington.
El encuentro se desarrolló en sordina. A diferencia de las visitas de Estado tradicionales, no hubo alfombras rojas extendidas, ni guardias de honor alineadas con banderas ondeantes. Fue catalogada como una “mera visita”, una categoría diplomática matizada que permitía a Trump mantener su postura de fuerza.
Sin embargo, lo que faltó en pompa sobró en tiempo. Lo que inicialmente se preveía como un saludo breve se extendió por más de 120 minutos, incluyendo un inusual paseo por la galería presidencial de la Casa Blanca. Durante este recorrido, el ambiente pareció relajarse hasta el punto de que Petro, en un tono distendido, elogió el gusto decorativo de su anfitrión: “Le dije que era un buen diseñador. Vi la Casa Blanca más bonita”, comentó el colombiano.
Los ejes de la negociación
A puerta cerrada, los temas abandonaron la estética para entrar en la geopolítica dura. La agenda se dividió en tres pilares fundamentales:
Narcotráfico y Coca: Petro y su equipo presentaron resultados concretos en la lucha contra las drogas, buscando convencer a Trump de que Colombia sigue siendo el aliado estratégico indispensable en la región.
Energía Limpia: Una de las banderas personales de Petro, que buscó puntos de encuentro comercial con la visión de “negocios” de Trump.
Venezuela: El punto de mayor fricción. Trump reconoció que su homólogo “se volvió muy amable” tras las recientes operaciones en el país vecino, lo que parece haber abierto la puerta al deshielo actual.

“The Art of the Deal”: El regalo y la ironía
Uno de los momentos más comentados de la jornada ocurrió antes de entrar al Despacho Oval. El embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, fue fotografiado portando una copia de Trump: The Art of the Deal, el famoso libro de memorias y consejos de negociación publicado por el magnate en 1987.
Al finalizar la reunión, Petro publicó en su cuenta de X la dedicatoria que Trump estampó en el volumen. Con un mensaje que el colombiano calificó de “irónico y desenfadado”, preguntó a sus seguidores: “¿Qué me quiso decir Trump en esta dedicatoria? No entiendo mucho el inglés”. La respuesta de Trump en el libro era contundente: “Usted es genial”.
Además del libro, Trump entregó un recordatorio oficial con una foto de ambos dándose la mano y un mensaje manuscrito que parece disipar, por ahora, los ataques personales del pasado: “Gustavo, un gran honor. Amo a Colombia”.

Bernie Moreno: De enemigo público a testigo presencial
La presencia de figuras clave en la oficina presidencial no pasó desapercibida. Junto al vicepresidente J.D. Vance y al secretario de Estado, Marco Rubio, apareció un personaje que Petro considera su principal detractor en el Capitolio: el senador republicano Bernie Moreno.
Moreno, de origen colombiano y representante de Ohio, había sido uno de los críticos más feroces de la administración del Pacto Histórico, llegando a decir en agosto que Petro hacía “todo lo posible para imposibilitar la relación con EE.UU.”. Su inclusión en la mesa de trabajo fue interpretada como un mensaje de control por parte de Trump, pero también como una validación de que, pese a las rencillas, el diálogo ahora se da al más alto nivel.
“Estaban las diferentes percepciones porque la reunión se da entre gobierno y gobierno. Hablamos de los temas que son”, indicó Petro, subrayando que la institucionalidad se impuso sobre los choques personales.
¿Un nuevo capítulo o una tregua frágil?
El éxito de este encuentro marca el fin de un mes de incertidumbre que comenzó con una llamada telefónica conciliadora hace cuatro semanas. Para Petro, salir de la Casa Blanca con un “9” de calificación y una invitación personal de Trump representa una victoria política interna y externa.
Para Trump, la reunión demuestra su pragmatismo: la capacidad de sentar a un líder que antes denostaba si los intereses de seguridad y control migratorio están sobre la mesa. Colombia respira con alivio, pero el camino hacia la erradicación de la hoja de coca y la estabilidad en Venezuela seguirá siendo la verdadera prueba de fuego para esta inusual pareja diplomática.





