Padre Jesús Fernando Vega Muñoz Pbro.
El evangelista Mateo nos presenta a Jesús como la Palabra de Dios, que vino a hablarnos con sus palabras y con su vida. En este primer domingo de la Palabra de Dios, reflexionamos sobre el inicio de su predicación.
Jesús comenzó con un mensaje simple pero poderoso: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4,17). Esto significa que Dios está cerca, que ha descendido a la tierra y se ha hecho hombre. Su cercanía es un mensaje de alegría, de amor y de salvación.
Jesús no comenzó en un lugar sagrado o en un entorno religioso, sino en la Galilea de los gentiles, una región considerada “oscura” y llena de complejidades. Esto nos muestra que la Palabra de Dios no busca lugares perfectos, sino que viene a nosotros en nuestra oscuridad y complejidad.
Vallamos a las periferias también nosotros a evangelizar, vallamos al que para la sociedad no cuenta y allí veremos el rostro de Dios.
Jesús llamó a pescadores, personas comunes y corrientes que trabajaban. Les habló en un lenguaje que entendían y los involucró en su misión. Esto nos muestra que Dios nos llama a todos, sin importar nuestra condición o habilidades, por eso es bueno seguir orando, para que el Señor siga llenando a tantos hombres en el mundo, para seguir con la evangelización.
Jesús nos invita a cambiar nuestra vida, a dejar de vivir para nosotros mismos y a empezar a vivir con Dios y para Dios. Nos dice: “¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!” (Mt 4,17).
La Palabra de Dios es viva y eficaz, nos consuela y nos anima, nos sacude y nos libera de la parálisis del egoísmo. Nos hace pasar de la oscuridad a la luz y nos renueva.
Hagamos espacio dentro de nosotros a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día, comencemos por el Evangelio y dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad y que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.




