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Trump escala su ofensiva por Groenlandia entre amenazas y resistencia europea

Lo que en 2019 comenzó como un comentario que muchos tildaron de “excéntrico”, se ha transformado en 2026 en una crisis diplomática de proporciones globales.

Groenlandia en la mira de Trump: ¿por qué esta isla del Ártico es tan  codiciada por EE. UU.? - France 24

La tensión ha alcanzado su punto máximo este miércoles, horas antes de una reunión de alto nivel en la Casa Blanca entre el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, y los ministros de Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, y de Groenlandia, Vivian Motzfeldt. En un movimiento preventivo que recuerda a los tiempos de la Guerra Fría, Dinamarca ha enviado refuerzos militares a la isla, mientras la Unión Europea, liderada por Francia, advierte sobre las “consecuencias catastróficas” de violar la soberanía europea.

Analistas de inteligencia en Copenhague y Washington sugieren que la Casa Blanca baraja al menos seis escenarios para concretar la anexión de la isla más grande del mundo, cuya posición estratégica en el Ártico y sus vastos recursos minerales son hoy más valiosos que nunca debido al deshielo.

La Compra Directa: Siguiendo los precedentes de Alaska (comprada a Rusia en 1867), la Luisiana (a Francia en 1803) o las Islas Vírgenes (compradas precisamente a Dinamarca en 1917).

El “Arriendo” Perpetuo: Un acuerdo similar al de la Bahía de Guantánamo, donde EE. UU. mantendría el control administrativo y militar total sin una transferencia formal de soberanía.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en marcha una maquinaria política y estratégica para tomar el control de Groenlandia, el territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca, bajo la premisa de que lo hará “por las buenas o por las malas”.

Independencia Tutelada: Fomentar la secesión de Groenlandia respecto a Dinamarca para luego firmar un tratado de “libre asociación” que deje la defensa y la política exterior en manos de Washington.

Presión Económica: Bloqueos o aranceles selectivos que fuercen a Dinamarca, cuya economía sostiene parte del presupuesto groenlandés, a ceder el territorio por incapacidad financiera.

Anexión por “Seguridad Nacional”: Argumentar que la presencia de potencias rivales (Rusia o China) en el Ártico constituye una amenaza inminente que justifica el control preventivo de la isla.

La Vía Militar: El escenario de “por las malas”, que implicaría un despliegue de fuerza para ocupar puntos estratégicos, algo que Macron ha calificado como una violación sin precedentes del derecho internacional.

Macron advierte: “Consecuencias en cadena sin precedentes”

Desde el Elíseo, el presidente francés Emmanuel Macron ha elevado el tono a niveles no vistos entre aliados de la OTAN. Tras el Consejo de Ministros de este miércoles, la portavoz del Gobierno, Maud Bregeon, transmitió un mensaje de “plena solidaridad” con el Reino de Dinamarca.

“Si se violara la soberanía de un país europeo y aliado, las consecuencias en cadena serían sin precedentes”, advirtió Macron. El mandatario francés teme que, si EE. UU. logra doblegar a Dinamarca, se cree un precedente donde las potencias puedan “comprar o conquistar” territorios soberanos de naciones más pequeñas, destruyendo el orden de seguridad europeo. Francia ha insinuado que podría activar mecanismos de defensa colectiva dentro de la Unión Europea si Washington persiste en su retórica de “por las malas”.

La respuesta de Nuuk: “No queremos ser estadounidenses”

Mientras los cancilleres vuelan hacia Washington, en Groenlandia la respuesta ha sido unísona. Los líderes de los cinco principales partidos políticos del Parlamento (Inatsisartut) firmaron un comunicado conjunto rechazando cualquier intento de anexión.

“No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”, reza la declaración. Las formaciones políticas, que incluyen tanto al gobierno como a la oposición, defienden que el futuro de la isla debe ser decidido exclusivamente por sus habitantes. El legislativo se reunirá de urgencia para blindar los derechos del pueblo groenlandés ante lo que consideran una “ambición expansionista” del siglo XIX en pleno siglo XXI.

En las calles de Nuuk, el sentimiento de resistencia es palpable. Julius Nielsen, un pescador local, expresó el sentir de muchos ciudadanos: “¿Estadounidenses? ¡No! Ya hemos sido una colonia durante muchos años. No queremos convertirnos de nuevo en colonia”. Groenlandia, que dejó de ser colonia danesa en 1953 y obtuvo su autonomía en 1979, tiene como meta a largo plazo la independencia total, no el cambio de una bandera europea por la de las barras y las estrellas.

La reunión clave con Rubio y Vance

La cita en Washington es calificada por diplomáticos como “la más tensa en décadas entre EE. UU. y Europa”. Marco Rubio, secretario de Estado, ha defendido previamente que Groenlandia es vital para la defensa del hemisferio occidental. Por su parte, el vicepresidente Vance ha insinuado que Dinamarca, al no cumplir con los objetivos de gasto en defensa de la OTAN, debería considerar la “transferencia de activos” como una forma de compensación.

Dinamarca, sin embargo, ha respondido enviando militares a la isla horas antes de la reunión, un gesto que busca demostrar que la soberanía no está en venta ni es negociable bajo coacción. Los cancilleres Rasmussen y Motzfeldt llegan a la Casa Blanca con una posición clara: Groenlandia está “abierta para los negocios y la cooperación”, especialmente en la base aérea de Thule, pero no está en venta.

Un futuro incierto bajo el hielo

El deseo de Trump por Groenlandia no es meramente estético o inmobiliario. La isla alberga el 7% de las reservas mundiales de agua dulce y se cree que posee depósitos masivos de tierras raras, petróleo y gas que quedarán expuestos a medida que el hielo retroceda. Para Washington, controlar Groenlandia es controlar la llave del Ártico y, por extensión, las futuras rutas comerciales que conectarán el Atlántico con el Pacífico por el norte.

A medida que las delegaciones se sientan a la mesa, el mundo observa. Lo que suceda en Washington hoy no solo definirá el futuro de 56.000 groenlandeses, sino la estabilidad de la alianza transatlántica y la validez de la soberanía nacional frente al poder de las superpotencias. La determinación de Trump de ir “por las buenas o por las malas” ha puesto a Europa en guardia y al Ártico en el epicentro de una nueva y peligrosa era geopolítica.

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