domingo, noviembre 30, 2025
No menu items!
spot_img

El semáforo en rojo

HORACIO DORADO G. -horaciodorado@hotmail.com

¡Pare a allí! Primero que todo, digamos que la red semafórica de la ciudad es obsoleta. Es una verdad innegable y por demás alarmante. Mirando hacia atrás, los semáforos de Popayán tienen un atraso de más de 30 años y, muchos más, porque cuando los instalaron en Popayán, estos ya eran remasterizados. Así que estamos llenos de semáforos viejos, muchos dañados, y algunos no aguantan “pañitos de agua tibia”, -inspecciones técnicas ni mantenimiento-. Todo en su conjunto, de ninguna manera contribuye a solucionar el problema de movilidad en la ciudad. Es una situación grave con la que los conductores respetuosos deben lidiar a diario para no poner en alto riesgo la vida de los ciudadanos. Cuando esos destartalados semáforos no funcionan se convierte en un peligro latente.

Charlatanes en todos los tiempos, se valen de los votos ilusionando sobre cambios. Ya elegidos, pierden la vergüenza; en tanto los electores malgastan el respeto. El progreso importa poco, pues hasta ahora, ninguno ha dado paso a un sistema inteligente de tráfico. Y en esas seguimos desde hace varios años

Hay momentos en la vida de los políticos que cuando hablan de cambios, se traduce en emoción humana, sensación a nuevos aires de renovación y grandeza. Pero, cuando hablan mucho, que gran desilusión, porque tarde despertamos a la realidad con la idéntica verborrea, seguimos con los mismos semáforos del siglo pasado. Detrás de tantas promesas hay muchas obras históricas pendientes para con Popayán. Y este tema de los semáforos sí que es una deuda que urge solucionar. De verdad que en materia del sistema de semáforos da pena. Popayán pide ajustarla a la modernidad, convertirla en una ciudad inteligente. El tráfico automotor, en las calles cada día es peor el caos, sumado a la insoportable incultura vial de muchos ciudadanos.

Y, es que, además de la obsolescencia semafórica y, del parque automotor de servicio público colectivo y taxis, es ejercido por conductores “daltónicos”, o sea que, padecen daltonismo, cuya condición genética causa dificultad para distinguir ciertos colores, principalmente entre el rojo y el verde. Sin duda alguna, los indisciplinados conductores, no diferencian los colores en absoluto, o los ven de manera diferente a como les conviene en la “guerra del centavo”. La afección es eminentemente económica y afecta en la vida de los peatones.

Pasar un semáforo en rojo en Colombia, es considerado una infracción grave, de acuerdo con el Código Nacional de Tránsito (Ley 769 de 2002), conducta que puede acarrear una multa económica que actualmente asciende a $1.145.029 pesos (equivalente a 30 salarios mínimos diarios legales vigentes) Desde luego, esto, dentro de las normas del código de tránsito, en el papel todo es plausible. En esta culta ciudad nadie la aplica, dejando de percibir grandiosos ingresos.

Si Popayán tuviera una buena autoridad de Tránsito, ayudas tecnológicas y el compromiso definitivo por el cambio “otro gallo cantaría” ¡Modernidad o atraso!

Por ahora, mucha resiliencia para seguir en las mismas, incluso utilizando prácticas de viejas épocas, donde resulta mejor apagar los semáforos, apelando a la falacia anecdótica, donde el argumento parece correcto, porque se sostiene con la práctica de dirigir el tráfico con el dulce abrigo rojo de la mano de venezolanos.

Y si, se revisara el convenio de colaboración, firmado en 2017 en que se entregó a la empresa Quipux el 60% de los ingresos por multas, dejando solo el 30% al municipio de Popayán, podría reinvertirse en un plan urgente de modernización para mejorar las necesidades públicas como reducir la accidentalidad y optimizar la gestión del tránsito en la ciudad.

Civilidad: La tarea de retirar los semáforos inservibles es un enorme reto y todos los saben, menos la autoridad del tráfico vehicular.

ARTICULOS RELACIONADOS

NOTICIAS RECIENTES

spot_img