domingo, noviembre 30, 2025
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¡Estamos hartos de este infierno!

Por: Juan Cristóbal Zambrano López

¡Estamos al borde del colapso nacional!

Los colombianos estamos llegando al límite. Lo digo con absoluta franqueza: esta columna refleja mi sincero y genuino pensamiento sobre el terrible momento que estamos viviendo los caucanos y también los colombianos.

No es justo, no lo es que atenten contra la vida de un Senador en ejercicio llegando a su ciudad, no lo es que los políticos no puedan ir a sus regiones, este no es el primer atentado que vemos en este gobierno, y esta no es una columna que quiera criticar especialmente a la izquierda, pero si algo ha dejado claro el presidente es que no le preocupa su gente, su pueblo, el que lo llevo a donde está hoy sentado.

Muchas personas, familia y amigos me han sugerido bajarle el tono a mis columnas de opinión, porque en este gobierno, toda opinión que no sea cercana a la de ellos, es censurada, pero como lo señalé en una reciente entrevista que tuve, si le cambiara el tono a la manera en que escribo, no sería una columna mía, y por supuesto, las sugerencias que me hacen, son válidas, y sí, debo admitirlo, a veces me da miedo escribir, pero no es justo vivir con miedo por opinar diferente.

El terrible atentado al Senador Temístocles Ortega es la prueba dolorosa de que nadie está seguro a día de hoy en este país, es triste y preocupante. Hace poco vimos el atentado al Representante a la Cámara Julio César Triana en el Huila. Y unos meses atrás, vimos como Miguel Uribe Turbay cayó en medio de una emboscada armada, reflejo del país que hoy duele.

La violencia dejó de ser noticia: es rutina, y eso es lo verdaderamente aterrador. Las cifras hablan solas: entre el 1 de enero y el 8 de mayo de 2025, la MOE registró 134 hechos de violencia contra liderazgos políticos, sociales y comunales.

Hemos visto bombas por todo el Cauca, secuestros en toda Colombia, y este no es el país que merecemos. Solamente en esta semana se han visto retenes armados al norte del Cauca, disidencias atacando Mondomo, enfrentamientos en Balboa, explosión en Tunía, la muerte de 15 niños en el Guaviare, el presidente y sus congresistas ni siquiera se pronuncian.

Juan Daniel Oviedo lo dijo sin anestesia, “Parir, parir, parir”, Hoy Colombia es una paridera de problemas. Hacer una fila para los medicamentos, levantar una empresa, concretar una venta o simplemente salir a la calle y volver tranquilos sin haber sido expuestos a hurto, extorsión o secuestro, se convirtió en un acto de resistencia cotidiana.

En Estados Unidos, jamás hemos visto que medios inviten a hablar a miembros de Al Qaeda para hablar del 11 de septiembre. En Colombia llevamos 40 años escuchando a los que se tomaron el Palacio de Justicia en televisión, a los que atentaron contra la patria, hablar en la radio, vemos a los que solían poner bombas ser una voz de autoridad en el Capitolio.

Se deben convocar las energías nacionales para derrotar ese enemigo común, los que no dejan avanzar a Colombia. Porque el conflicto nos entristece la patria. Todos los servidores nos debemos al pueblo; el Estado existe para protegerlo. Y cuando hablo del pueblo me refiero al campesino de a pie, al alcalde municipal que teme ir a su alcaldía, al concejal amenazado que sigue trabajando por miedo y por deber, al maestro que dicta clases entre ráfagas de fusil, al transportador que no sabe si llegará a su destino, al joven que solo quiere estudiar sin que lo recluten, al padre y la madre que madrugan con fe, aún cuando el país los trata a punta de incertidumbre. Son ellos nuestros amigos, casi impotentes, con mucha voluntad y pocos medios.

Algunos varios soportando privaciones indecibles pero sonrientes, dispuestos a dar una mano siempre. Es una imagen de miseria bondadosa que si no provocara llanto, nos debería llenar de orgullo, esa es la gente buena con la que el gobierno tiene el compromiso. Esa gente, son ellos, los que nos dan el ejemplo de la paz, la revolución social debemos hacerla porque la mayoría son pacíficos, porque no amenazan, porque sus derechos son palpables, porque sus reivindicaciones son la expresión de la justicia, esa es la voz del pueblo, la divina voz del pueblo que debemos oír, y no la de las subametralladoras.

Desde las primeras experiencias en la vida pública, nos acostumbramos a caminar con el pueblo, por calles, plazas y veredas, de día y de noche.

Durante décadas el pueblo confió su vocería como lo hizo con el presidente Petro, lo hicieron en las urnas, democráticamente. No han tenido nunca otro mandato, por ello, son independientes, y a la vez no. Yo no tengo intereses creados con los poderosos, ni con los bandoleros.

Es el hábito de ser independiente sin serlo, como una condición de nuestra propia naturaleza, así fue mi abuelo, dominó por 50 años el escenario regional, en virtud de su voz y su poder moral, su recuerdo se prolonga en el corazón de las gentes sencillas. Porque ese recuerdo vive precisamente en el corazón, y por estar ahí, él tenía fuerza, Carlos Guillermo López supo luchar solo, porque el pueblo estaba con él, solía estar maravillosamente solo, con su pueblo.

Es condición de la democracia, que exista un poder para llevar la vocería del pueblo, y dudo seriamente, que los más de 11 millones de colombianos que depositaron su voto de fe en Petro, no quieran otra cosa distinta a despertarse en un país en paz.

Yo seguiré empeñado en que sea ese pueblo, el que nos lleve a la paz nacional.

La capacidad de amenazar no debe dar derechos políticos.

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