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Cheng² Duo: Dos almas, un mismo acorde, un solo corazón

Hay conciertos que resuenan mucho después de que el último acorde se disuelve en el aire. El Cheng² Duo, formado por los hermanos canadienses de ascendencia china Bryan Cheng (violonchelo) y Silvie Cheng (piano), pertenecen a ese círculo de artistas que transforman el sonido en emoción y la técnica en conversación.

Por Juan Manuel Rincón

Bryan, único ganador de los premios internacionales Queen Elisabeth and Geneva International Music Competitions en 40 años y solista junto a la Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, la Orquesta Nacional de la BBC de Gales, la Filarmónica de Helsinki, la Orquesta Sinfónica Nacional de Taiwán, la Orquesta Sinfónica de la India, entre otras, posee un sonido de pureza inusual, a la vez heroico y humano. Silvie, pianista de sensibilidad cristalina y precisión poética, da forma a cada interpretación con una inteligencia emocional incluso iluminando el silencio de importantes auditorios en el mundo como el Centro GAM de Santiago de Chile, la Universidad de Sudáfrica y el Teatro Poly de Shanghái.

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Más que una entrevista, esta conversación es una inmersión en la intimidad de dos artistas que han hecho de su vínculo familiar una filosofía estética, y de su herencia asiática una manera de mirar el mundo a través del arte, el silencio y la memoria. Su historia no es sólo musical: es también un diálogo entre Oriente y Occidente, entre la memoria de sus raíces y la exigencia universal de la belleza. En ellos, la disciplina se vuelve ternura y la familia, una partitura que nunca deja de escribirse.

¿Qué los motivó a crear Cheng² Duo y cómo han sido estos más de 20 años tocando juntos?

Interpretar música juntos siempre ha sido algo natural para nosotros, es una de las muchas actividades que disfrutamos desde nuestra infancia. La formación oficial de Cheng² Duo se dio en 2011 durante nuestro debut en el recital Weill del Carnegie Hall. Los últimos 20 años han sido un viaje increíble que nos ha llevado a todos los rincones del mundo. Nos sentimos muy afortunados de seguir aprendiendo y explorando juntos, tanto como músicos como hermanos.

¿Cómo hermanos y colaboradores musicales de larga trayectoria, ¿cómo logran equilibrar la libertad expresiva individual con la voz unificada del dúo?

Ser hermanos nos permite explorar niveles de expresión aún más profundos al colaborar. Cuanto más tocamos juntos, más confianza construimos, hasta el punto en que los roles de líder y seguidor, o de individuo y colectivo, cambian constantemente de compás a compás. Nuestro objetivo final es alcanzar un estado compartido de libertad, donde cada uno se sienta cómodo para asumir riesgos y mantener un espíritu de descubrimiento en la interpretación, sabiendo que el otro siempre estará ahí para apoyar y responder en el momento.

Su familia es de origen asiático-canadiense, y su crianza fue un puente entre culturas. ¿De qué manera su herencia influye en su identidad musical actual?

Nuestra herencia multicultural nos ha brindado una mente abierta, un sentido de curiosidad y una profunda empatía hacia los demás. Ya sea explorando las tradiciones folclóricas de diferentes culturas o conectando con el público tanto en comunidades remotas como en grandes centros urbanos, esto moldea la forma en que seleccionamos nuestros programas, siempre con la misión de hacer que la música clásica sea universalmente accesible y emocionalmente cercana.

Al bajar del escenario, ¿qué rituales o hábitos no musicales les ayudan a recargar energías, reconectar contigo mismo o encontrar inspiración para la próxima actuación?

Nuestra fórmula para recargar energías fuera del escenario es bastante simple: una buena comida, un buen descanso y disfrutar un buen tiempo en la naturaleza. Ambos somos amantes de la gastronomía y nos encanta explorar la cocina local a donde viajamos, ya que es una de las mejores maneras de conectar con un lugar y su gente. Estar en contacto con la naturaleza, ya sea dando un paseo o haciendo senderismo, también nos ayuda a recargar pilas y encontrar el equilibrio antes del próximo concierto.

A lo largo de sus numerosas grabaciones y estrenos, han incorporado nuevas obras, arreglos de inspiración folclórica y programación interdisciplinar. ¿Qué los impulsa a explorar más allá del repertorio clásico tradicional?

Surge en parte de nuestra propia curiosidad y pasión por descubrir nuevas influencias de todo el mundo, y en parte de un sentido de responsabilidad para contribuir a que la música clásica como forma de arte siga creciendo y evolucionando. El repertorio «estándar» que tanto apreciamos hoy existe gracias a que músicos como Mstislav Rostropovich y Gregor Piatigorsky trabajaron estrechamente con compositores contemporáneos como Dmitri Shostakovich y Sergei Prokofiev. Nos sentimos inspirados a hacer lo mismo, a contribuir a una obra que las futuras generaciones de músicos y público puedan disfrutar, adoptar y desarrollar.

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Visualizando los próximos diez años, ¿qué tipo de legado les gustaría que dejara el Cheng² Duo, tanto musical como culturalmente?

Esperamos que nuestro trabajo contribuya, aunque sea mínimamente, a un mundo más comprensivo y menos dividido. La música tiene un poder increíble para derribar barreras y recordarnos nuestra humanidad compartida. Sí nuestras interpretaciones, colaboraciones y la ampliación de nuestro repertorio logran inspirar empatía y conectar a personas de distintas generaciones, ese sería el legado del que nos sentiríamos más orgullosos.

Bryan, debutó como solista en el Carnegie Hall de Nueva York a los 14 años y ahora toca un violonchelo Stradivarius de 1696. ¿Cómo ha influido el instrumento en tu interpretaciones?

Llevo casi siete años tocando este violonchelo Stradivarius y hemos crecido mucho juntos. Es uno de esos instrumentos únicos con identidad y voz propias, lo que significa que me ha enseñado muchísimo. Ofrece posibilidades texturales y sonoras casi infinitas, como un pintor con todos los colores al alcance de la mano. Al mismo tiempo, también he podido moldear su sonido, y se ha enriquecido aún más durante este tiempo, de modo que ahora tenemos una verdadera simbiosis.

En su álbum Portrait (2023) solicitó obras y arreglos de compositores de ascendencia asiática. ¿Qué importancia tiene para usted reflejar su propia herencia asiática en su repertorio y cómo selecciona esa música?

Es fundamental contar con compositores que reflejen la rica diversidad de la sociedad actual en la música clásica. Históricamente, esta música se ha centrado en figuras de la escena europea, que es, por supuesto, el origen de este arte, pero ahora que vivimos en un mundo globalizado, existen muchísimas voces fantásticas y fascinantes de todo tipo de orígenes que merecen ser escuchadas. Para nosotros, la excelencia es siempre nuestra máxima prioridad al encargar y arreglar obras, y cuando trabajamos con compositores, la base de nuestra colaboración es, ante todo, el respeto mutuo por la obra artística de cada uno. Este es precisamente el caso de nuestro álbum más reciente: Portrait. Cada una de estas piezas fue creada en el marco de diferentes encargos, y tras una década nos dimos cuenta de que muchos de los compositores eran de origen asiático, así que decidimos crear una antología para destacar estas grandes obras, que esperamos se sigan interpretando durante muchas generaciones. En esencia, elegimos programar música que consideramos convincente y poderosa, ¡y todo lo demás es un extra!

Ha trabajado y recibido mentoría de figuras destacadas de la música de cámara y la interpretación orquestal. ¿Podría compartir algún momento memorable de mentoría o colaboración que haya cambiado fundamentalmente su enfoque del violonchelo?

Una de las cosas más importantes que aprendí al trabajar con grandes maestros como Sir András Schiff o Gidon Kremer es que siempre tenemos tiempo. Siempre hay tiempo suficiente para expresar lo que queremos expresar (tanto musicalmente como en general), sin prisas. Es un pensamiento muy reconfortante, y también muy necesario recordarlo en este mundo acelerado. Cada nota merece su espacio, cada idea debe desarrollarse plenamente.

Tras conquistar escenarios como la Frauenkirche Dresden o el Carnegie Hall de Nueva York, su música recorrió Colombia, bajo el patrocinio del área cultural del Banco de la República, un trayecto que inició en la capital musical de Colombia, Ibagué, siguió por Bogotá y como gran cierre de esta travesía artística, Popayán.

Además de la música, ¿qué pasiones o pasatiempos le dan energía creativa o una sensación de equilibrio? ¿Cómo influyen en su musicalidad?

Disfruto contemplando arte moderno y abstracto, así como la fotografía. En general, soy una persona muy visual y siempre tengo imágenes e historias en mente cuando toco música, así que estas formas de arte me ofrecen una ventana a los universos encantadores, peculiares e increíbles de otras personas, lo cual me inspira muchísimo. También disfruto mantenerme activo y jugar al spikeball, andar en bicicleta por la ciudad o hacer senderismo en el bosque o la montaña. A veces olvidamos que tocar un instrumento también es una actividad física intensa y, por lo tanto, necesitamos cuidar nuestro cuerpo como lo hacen los atletas, asegurándonos de hacer ejercicio, pasar tiempo al aire libre, comer y dormir bien, etc.

Tras una extensa gira, que incluye Norteamérica, Europa, Sudáfrica y ahora Sudamérica, ¿cómo adapta su mentalidad al entrar en diferentes contextos culturales? ¿Qué ha aprendido del público colombiano durante esta gira?

Por supuesto, cada país tiene sus propias costumbres y tradiciones, pero intento no centrarme en las diferencias al interactuar con el público o la gente local de cada ciudad que visitamos. Cuanto más viajo, más me doy cuenta de lo parecidos que somos todos, y tener presente lo que compartimos me ayuda a comprender mejor a las personas, incluso sí no hablamos el mismo idioma. Al final, todos queremos amar y ser amados, sentir la mayor alegría -que también viene acompañada de la más profunda tristeza-, bailar, cantar, sentirnos parte de una comunidad y ser libres. He notado que los colombianos realmente viven la vida al máximo, están tan conectados e involucrados emocionalmente con la música que es muy gratificante tocar para un público así. ¡Ya nos sentimos como en casa y muy bienvenidos aquí!

Cuando sostiene su violonchelo y toca la primera nota, ¿cuál es el primer recuerdo feliz que se le viene a la mente a través del sonido?

Recuerdo con mucho cariño algunas de mis primeras actuaciones públicas cuando tenía cuatro o cinco años, el simple hecho de poder compartir la música que había preparado con tanto esmero durante semanas o meses con un público receptivo. Afortunadamente, esta mentalidad no ha cambiado: ¡para mí, lo más importante en la evolución de una pieza musical siempre es la oportunidad de presentar mi trabajo en directo al público en la sala de conciertos!

Silvie, ¿Cuándo empezó a tocar el piano? ¿Qué imagen, sonido o sensación de ese primer encuentro con la música y este instrumento permanece como recuerdo en sus interpretaciones hoy?

Ninguno de mis padres es músico, así que empecé a tocar el piano por pura casualidad. Cuando tenía unos cuatro años y medio, hicimos un viaje familiar por carretera a las provincias marítimas de Canadá, los largos trayectos los pasé en el asiento trasero rodeada de juguetes y juegos. Rápidamente perdí el interés en la mayoría, excepto en un pequeño teclado electrónico azul de dos octavas. Día tras día, volvía a él, tocando alegremente. Al final de aquel viaje, mi madre me preguntó sí quería empezar a tomar clases de piano. Me encogí de hombros y dije: ¡Vale!, y el resto, como se suele decir, es historia. A día de hoy, cuando me siento al piano, me invade una sensación de alegría y de posibilidades ilimitadas.

Cómo solista, música de cámara y profesora, ¿cómo estructura estos tres roles en su vida diaria y cuál la conecta más profundamente con su herencia asiático-canadiense?

No los veo como roles separados, sino como facetas igualmente importantes de mi ser. Soy introvertida y necesito tiempo a solas para incubar ideas, pero valoro profundamente la comunicación significativa e íntima con los demás, ya sea a través de la música de cámara o la enseñanza. En muchos sentidos, este equilibrio entre la introspección y la comunidad refleja mi herencia asiático-canadiense, que me ha enseñado que el crecimiento individual y la armonía colectiva pueden coexistir maravillosamente.

Es muy conocida su labor de colaborar estrechamente con compositores vivos y por estrenar nuevas obras. ¿Podría compartirnos un momento, una pieza, un ensayo o un estreno que haya transformado su perspectiva sobre el piano, la interpretación o la música en sí?

Cada vez que trabajo con un compositor vivo, recuerdo que la música está realmente viva: es fluida, adaptable y está en constante evolución. A veces uno se siente limitado al intentar descifrar manuscritos históricos, ¡y a menudo desearía poder llamar a un compositor fallecido hace mucho tiempo para preguntarle qué quiso decir realmente! Trabajar directamente con compositores vivos ofrece ese diálogo en tiempo real. Durante el reciente proceso de arreglo de Cuadros de una Exposición (que interpretamos en Popayán), abordamos la música con ese mismo espíritu de frescura: manteniéndonos fieles a la partitura original de Mussorgsky, a la vez que expresamos con fuerza nuestra propia intención y voz.

Fuera de las prácticas, los ensayos y los conciertos, ¿qué universo de lectura, música popular, artes visuales, gastronomía, lugares o viajes le sirven de refugio e inspiración? ¿Y cómo cree que estas exploraciones influyen en su expresión pianística?

Soy una artista visual un tanto reservada – de hecho, empecé a dibujar y pintar antes incluso de sentarme al piano-, así que canalizar mi imaginación en un lienzo siempre ha sido tanto un refugio como una fuente de inspiración. Tomé clases básicas de arte hasta la adolescencia, pero no he recibido formación formal desde entonces, lo que creo que me libera del perfeccionismo que a veces siento en la música. Personalmente, lo que conecta ambas formas de arte para mí es la exploración de colores sutiles e infinitos.

Silvie Cheng

Sí tuviera que elegir un sabor, un libro, un aroma, un paisaje y una melodía que definieran el concepto de “hogar” para usted, ¿cuáles serían y por qué?

Sabor: Costillas agridulces de Shanghái. ¡La comida china es mi comida reconfortante!

Libro: Ana la de Tejas Verdes, ambientada en la Isla del Príncipe Eduardo – Canadá-. Ana fue uno de mis primeros modelos a seguir en la ficción: una chica independiente que se niega a conformarse a los estereotipos, usando su imaginación e inteligencia para forjar su propio camino en la vida.

Aroma: El del Abeto balsámico, que me recuerda a los paseos invernales sobre la nieve crujiente y a los árboles de Navidad que se venden en las calles de Nueva York, donde vivo actualmente.

Paisaje: Las hojas otoñales del Parque Gatineau en Quebec. El otoño es mi estación favorita y este parque nacional cerca de nuestra ciudad natal, Ottawa, Canadá, ofrece cada año un espectáculo de colores impresionante.

Melodía: Er Quan Ying Yue – Reflejo de la Luna sobre la Primavera-, una de las melodías folclóricas chinas más conmovedoras y bellas.

Imagine que compone una pieza corta que represente la confluencia de Canadá, China y Colombia en su vida y su música: ¿qué textura sonora, ritmo o motivo usaría? ¿Qué instrumentos incluiría para acompañar al piano y cómo sonarían estos tres mundos fusionados?

Imagino una pieza donde el piano evoque los paisajes abiertos de Canadá, espaciosos y luminosos. El violonchelo – o quizás un erhu – cantaría con las fluidas inflexiones de la melodía folclórica china, transmitiendo recuerdos y narraciones. Desde Colombia, una percusión vibrante pulsaría de fondo, infundiendo calidez y vitalidad rítmica. En lugar de fundirse en una sola voz, estos sonidos respirarían juntos; distintos pero profundamente conectados, como tres culturas en conversación.

¿Qué canciones, melodías y libros serían la banda sonora de tu vida en estas etapas: la infancia y la actualidad?

Canciones:

Infancia: Música de Celine Dion o Bryan Adams, que sonaba en casa cuando era pequeña.

Actualidad: «St. Thomas» de Sonny Rollins.

Libros

Infancia: La saga de Harry Potter.

Actualidad: Meditaciones para mortales de Oliver Burkeman.

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