HORACIO DORADO GÓMEZ – horaciodorado@hotmail.com
La vibración de los recuerdos nos coloca siempre frente a la temporada de la Semana Mayor, espacio para meditar un poco sobre el tema de Cristo en la cruz. En esta nueva temporada de Semana Mayor, cuando miles de personas nos visitan, hay que expresar, sin equivoco alguno, que Popayán, es la ciudad de todos los colombianos, seguidores de la fe católica donde se conmemora uno de los episodios más trascendentales de la religión. Aunque Dios detesta que se le adore mediante imágenes o símbolos, como la cruz. Pues, a los israelitas, Dios les ordenó que no usaran “símbolo alguno” en su adoración. Por su parte, los cristianos recibieron el siguiente mandato: “Huyan de la idolatría”.
Pero, lo cierto es que, solo se puede amar, respetar, cuidar y proteger lo que se conoce. La ciudad por siempre amada, de plácidas colinas sobre un valle feliz, cumple 488 años. Su nombre armonioso sobre el que se canta y se viste de gloria junto al imponente volcán, bajo el cielo azul: Mi bella Popayán. Recordemos que hace 42 años caminábamos entre las ruinas, en medio de las murmuraciones refiriendo que, en la Cruz de Belén, hay una inscripción que dice que el día que esa cruz se cayera, Popayán se convertiría en polvo. Por eso, vibramos de emoción patriótica, porque Popayán bajo experiencias pasadas y con el proceso de aprendizaje, renació como el Ave Fénix para abrir hoy sus puertas. Nada más propicio para buscar en la “Ciudad Blanca” una conexión significativa con algo más grande que uno mismo, generando emociones positivas, como la Paz.
Es un deleite, evocar estas anécdotas, porque Popayán, es una ciudad de mitos y leyendas. Aquí hablamos de la ciudad porque todos somos ciudad. El ser humano da forma a la ciudad y la ciudad da forma al ser humano. Y es que, la ciudad es como una casa grande, y la casa una pequeña ciudad.
¡Semana Santa en Popayán!, Su nombre lo dice todo: religiosidad, historia, leyenda, arte, cultura, devoción de tradiciones, en una palabra, belleza. Popayán, ciudad legendaria, hecha para germinar en la fe de sus mayores, en sus ideales, en sus sentimientos y, en unos recuerdos de su hechizante paisaje que no debe perecer porque ellos surgieron para detenerse durante siglos ante su hermosura eterna.
Por estos días, las andas en los hombros varoniles rompen el incienso con el aroma inconfundible del espíritu entre los peregrinos. Las campanas, las matracas y los compases de las marchas, los sitiales, la campanilla, los templos y, el coro de las voces clamantes y litúrgicas. Las cruces, los silencios, los encajes…Las flores, las joyas y los himnos… Todo esto es una caravana interminable, que purifica su perfil de historia y alma. Y en el fondo del inigualable paisaje, la “Ciudad Blanca”, adormecida por el peso penitencial de tanta gloria con la presencia piadosa de un Calvario donde contrasta en su cielo azul, el imponente volcán del Puracé.
Aquí en Popayán, el drama del Calvario aparece vivo ante los ojos de los nazarenos, durante el recorrido de las cuatro noches en que se admira la grandeza insobornable y jamás caduca del cristianismo. Sembrar en el alma, en la conciencia, en el corazón, el amor a Popayán, es mantener y cultivar vivo el árbol de la libertad, es amar a Colombia, es infundir en el espíritu nobles sentimientos de nacionalidad.
Manifestemos la gratitud entre nosotros por las procesiones de Semana Santa que han sido la mejor fiesta religiosa y, para que, en este año, recobren el timbre y esplendor que alcanzaron en sus buenos tiempos, que tanta celebridad dieron por ello a la sociedad payanesa. Que siga siendo modelo de cultura de moralidad y de respeto por las cosas grandes y, divinas.
Civilidad: Popayán es una reliquia histórica de la patria y, como tal, se debe conocer a través de su historia para apreciarla, amarla y defenderla.